martes 21 de julio de 2009

"El Monte de las Ánimas", de Joshua Pelegay (Segundo Premio Narrativa Bachillerato)


EL MONTE DE LAS ÁNIMAS


En el año 911, en un pueblo de la región de Holyland llamado Saxnäs, al Sur de Noruega, se libró una batalla entre cristianos y vikingos por la independencia de estos pueblos daneses, suecos y noruegos. Esta batalla tuvo lugar en una colina cercana a Saxnäs, donde el rey francés Carlos III el Simple, perdió la vida y la guerra contra estos pueblos nórdicos.
El tiempo fue pasando y con él iban en aumento el número de leyendas que se creaban sobre aquel importantísimo suceso; estas leyendas, debido a su contenido, fueron las que dieron el nombre a la colina: El Monte de las Ánimas. De todas estas leyendas que se contaban, la que más miedo creaba entre las gentes del lugar era la que contaba un viejo anciano de Saxnäs. Según decía, él había sido testigo de una masacre llevada a cabo por las almas de los cristianos asesinados en ese monte que habían despertado por la presencia de infieles a su alrededor; él había sido el único superviviente de aquel fatídico día de verano en el que se celebraban los cien años de la independencia de los cristianos. En el pueblo de Saxnäs, que por aquel entonces se llamaba Nodsinni, no hubo ningún superviviente, a excepción del anciano. Años después del suceso, llegó al lugar un pueblo nómada venido del norte, el cual se quedó a vivir a pesar de la insistencia del anciano de que no lo hicieran. Con el paso del tiempo fueron temiendo más a la leyenda, a excepción de un joven de veintidós años llamado Ordan, el cual se mostraba escéptico frente a todos esos cuentos y leyendas que se contaban, aunque no mantenía la misma postura frente a lo que podía haber después de la muerte.
Ordan era un joven campesino poco temeroso, pero no por ello más orgulloso ni engreído, sino más bien todo lo contrario, era discreto y tímido. No tenía padres y era poco querido en la zona. Estaba saliendo en secreto con Darna, la hija del herrero del pueblo, que tenía su misma edad; una bella mujer morena de pelo largo y liso recogido con una banda de color azul cielo. Tampoco tenía madre y siempre vestía un camisón blanco. Solamente se veían por las noches y algún amanecer en el Monte de las Ánimas para no levantar sospechas.
Como todas las noches y a la misma hora, ambos se dirigían al lugar de encuentro por diferentes caminos, ansiosos de verse sin sospechar que esa noche iba a ser muy diferente a las demás. Una vez llegaron a la cima se pusieron a soñar sobre el futuro que les tocaría vivir, sentados y apoyados uno sobre el otro junto a un joven ciprés. Estaban a punto de marchar cuando Ordan vio una luz de un blanco intenso en el bosque que se dirigía hacia ellos y, no supo por qué, enseguida le vino en mente la leyenda del anciano, así que cogió a Darna de la muñeca con todas sus fuerzas y corrieron hacia el pueblo por el camino más corto a toda prisa sin mirar atrás y sin temor a que les pudieran ver juntos. Una vez en Saxnas, Ordan acompañó a Darna hasta la puerta de su casa para asegurarse de que llegaba sana y salva. Ya en la puerta, Darna se dio cuenta de que había perdido su preciada banda y le pidió a él que fuera a buscarla para que su padre no notara nada. Por un momento, Ordna dejó de vivir sabiendo lo que le esperaba en el bosque si iba a buscarla, pero no pudo no hacer caso a la mujer a la que amaba ni permitir que descubriesen el secreto, a pesar de que tarde o temprano tendría que desvelarse; así que se armó de valor y corrió en busca de la banda haciéndose creer a sí mismo que todo era una ilusión, y prometiéndole que al alba la tendría.
A la llegada de la aurora, Darna se asomó a la puerta al ver que no llegaba y descubrió su banda ensangrentada en el suelo. Ella rompió a llorar y no pudo dejar de pensar en lo egoísta que había sido la noche anterior. Poco después, apareció detrás de ella su padre, el cual le preguntó, sin esperar respuesta, qué le pasaba. Con los ojos llorosos miró a los de su padre y no supo contestar, así que él se adelantó y le dijo que conocía su relación con Ordan. Ella se levantó y lo abrazó con todas sus fuerzas.
Aquella misma tarde hicieron el funeral, al cual sólo asistieron Darna, su padre y el sepulturero. Desde aquel suceso, ella no volvió a levantar cabeza.
Darna recordaba siempre las palabras que le dijo Ordan la última noche junto al ciprés. Le dijo que si algún día le pasara algo, su alma siempre reposaría en aquella fuente en la que se miraron a los ojos por primera vez. Así que allí iba cada atardecer por si él regresaba a verla en la oscuridad. La verdad es que el alma de Ordan siempre acudía al lugar. Todas las noches hasta el amanecer se sentaba junto a ella, le hablaba al oído y le rozaba la piel, y cuando se iba le pedía en silencio que regresara a la noche siguiente. Lo cierto es que Darna no sabía si estaba o le veía, pero lo que sí que sabía es que jamás le iba a olvidar.
Fue una noche de invierno cuando ella se durmió junto a un almez cercano a la fuente y el alma de Ordan entró en su sueño vestido de negro frente a una intensa luz blanca. Él le dijo que desde allá arriba, desde más alto de las nubes, podía ver más de lo que su alma era capaz de soportar; que no llorase por él porque su alma iba a estar siempre con ella; que estaba muy agradecido con que viniera a verle todas las noches al lugar que le prometió que él descansaría; que le destrozaba cuando se iba a la llegada del alba, pero que le llenaba al regresar con sus manos vacías. Por último le dijo que sabía que su muerte la había roto el corazón, pero que ella debía llegar hasta el final del camino y no pensar en que ya no iba a poder estar más junto a él, ya que su alma le acompañaría adonde ella fuese.
Al despertar de aquel sueño, tenía consigo la ropa de Ordan, su brazalete de cuero y el fino olor de su piel y comprendió que debía ser la última que debía pasar junto a la fuente.

Joshua Pelegay, 2º de Bachillerato de Humanidades

lunes 20 de julio de 2009

"Una dulce amistad", de Ángela Serena (Primer Premio Narrativa 1º y 2º de ESO)


UNA DULCE AMISTAD

—Hola, Clara, soy Mercedes, tu médica, me gustaría saber cómo te encuentras.
Pero, se puede saber qué dice esta loca; la veo mover los labios, pero no la escucho; debo de estar dormida, aunque... si estuviera dormida, no la vería. Por cierto, ¿dónde estoy? —pienso—.
—¿Qué dices? No te oigo, ¡sólo oigo pitidos!— dije yo un poco alterada. —¿Dónde están mis padres? ¡Quiero verlos! Y también quiero ver a mi hermana.
Vi que la médica se iba con la cara triste y me dejaba con la enfermera, que me acababa de inyectar un tranquilizante; lo sé porque noté cómo se me cerraban los ojos, y de sueño no era porque me acababa de despertar. Bueno...., ya podía volver a soñar.
—Cariño, mi vida, soy yo, mamá.
—¡Mamá!,— grité toda feliz —¿cómo estas?
—Bien cariño, ¿y tú?
Mierda, ya estábamos otra vez con los pitidos de las narices, ¿es que no me iban a dejar tranquila?
—Mamá..., no sé lo que me has dicho, sólo oigo unos pitidos muy agudos, como si me fueran a explotar la cabeza y los oídos —dije yo un poco más tranquila.
A mi madre, se le ocurrió la idea de que en lugar de hablar íbamos a escribirlo, y lo primero que escribió fue:
“Clara, los médicos nos han dicho a tu padre y a mí, que debido a la fuerte infección de oídos que tenías ha podido dañarte el tímpano y te ha dejado sorda. Aunque tu padre y yo albergábamos alguna esperanza de que no fuera así, pero los pitidos lo dicen todo".
¡Qué! ¡Sorda yo!, no, no podía ser, ya no volvería a oír la dulce voz de mi hermana cada vez que me decía “te quiero”.
Me puse a llorar tanto que al final acabé durmiéndome y nadie me despertó. Sólo me despertó la enfermera para darme la medicación y, como me aburría en la habitación, decidí ir a dar una vuelta.
Nada mas salir de la habitación, vi salir a una chica llorando y dando tumbos sin saber a dónde ir. No sé por qué, pero me dio pena y, cuando la vi y descubrí que era ciega, me entró una gran necesidad de ayudarla, así que me armé de valor y fui a hablar con ella.
—Hola, soy Clara, me gustaría saber qué te pasa, pero hay un pequeño problema y es que soy sorda, pero, si hablas despacio, te podré leer los labios, así que, si quieres puedes empezar, aunque entendería que no quisieras contárselo a una extraña como yo.
Pero todo lo contrario, Marta, que así se llamaba ella, me contó, en su habitación, que por culpa de un accidente de tráfico había sido operada y algo debía de haber sucedido para que no fuera bien, dejándola ciega.
Cuando la madre de Marta llegó y vio a su hija volver a reír después del accidente fue una gran sorpresa para ella. Inmediatamente llamó a la enfermera para ver si podían ponernos juntas, y ésta accedió.
Al cabo de unas tres semanas aproximadamente nos dieron de alta a Marta y a mí. Pero lo duro empezaba ahora, teníamos que adaptarnos a una nueva vida y dejar atrás la vida que habíamos llevado hasta ahora.
Las familias decidieron buscar un Centro donde pudiéramos estar juntas. Como éramos de distintas ciudades, tuvieron que ir a la capital, donde había colegios adecuados para nosotras y podíamos compartir la misma residencia.
Luego en el colegio empezó lo peor porque nos sentíamos un poco desorientadas y no sabíamos desenvolvernos muy bien. Pasaron los días y nos fuimos adaptando a la nueva manera de vivir.
Dejamos una vida atrás, pero una nueva nos empezaba y estábamos ilusionadas porque nos unía una gran amistad y esto nos ayudaba a superarnos día a día.

Ángela Serena, 1º C

"Camino hacia la esmeralda" (Segundo Premio Narrativa, 1º y 2º de ESO)


CAMINO HACIA LA ESMERALDA

Hace miles de años, o más... , en un país llamado Ferlondon en una casita, que se podría llamar moderna, vivía un joven aprendiz de mago de 20 ó 22 años, llamado Orlaf, al que habían encomendado tres peligrosas pruebas para ser mago de la cohorte de Elduwin (una provincia). La primera debía regresar al pasado y salvar a la gente de Ferlondon del terremoto; Orlaf sabía parar un terremoto, pero no sabía viajar al pasado y se quedó mirando al lago tristemente.
De pronto alguien le quiso robar de un tirón y lo tiró al agua y perdió el conocimiento. Al momento de volver en sí lanzó un conjuro y una bola lo protegió del agua. Cuando salió del lago vio a gente conocida que había muerto, ¡había viajado al pasado!
Pasaron unos días hasta el terremoto y con un conjuro, que le costó lo suyo, consiguió que no se produjera el terremoto.
De pronto despertó, todo había sido un sueño.
Cuando fue a decirle al rey que no lo había conseguido, el rey lo felicitó por su hazaña y él, todo Contento, continuó con la segunda prueba.
La segunda consistía en hacer renacer el Bosque Incendiado, que fue la más fácil. La última fue terrorífica, nadie la había conseguido: el Cofre de La Esmeralda, que mataba a hombres por placer, y él tenía que entregársela al rey.
Orlaf se puso en camino hacia el bosque de Rcnar, donde reinaba el mal, Atemorizado y Rodeado por la niebla, descubrió algo que brillaba, era una cajita, en cuyo Extremo se leía: "sólo personas de buen corazón podrán apoderarse de este cofre y Esmeralda". Orlaf lo cogió y lo llevó ante su rey, que puso una cara de ambición terrible. Él Entendió para qué quería la caja de la esmeralda y utilizó un hechizo de invisibilidad y escapó Bien lejos de allí.
Escondió la caja de la esmeralda donde nadie la pudo encontrar.

Escrito por Orlaf, aprendiz de mago.

Fin de la historia...

Jesús Coscolla, 1º C

"El barrio chino", de Jessica Frain (Primer Premio Poesía 3º y 4º de ESO)


EL BARRIO CHINO


Queríamos ir al barrio chino
para visitar al adivino.
Entre el barrio chino y el instituto
quedaba una valla, y un enorme muro,
que de nombre recibía
«La muralla china».

Pero teníamos un grave problema,
las horas restantes eran el dilema;
pero decidimos irnos igualmente.
Nos levantamos y nos fuimos,
llegamos hasta el patio sigilosamente.

Y de repente ¡pum!, apareció un profesor
al que todos llamamos Tirano el dictador
y dijo: "Está prohibido saltar la valla".
Así que, para variar, trepamos la muralla.

Al otro lado era otro mundo,
vivos colores, dragones bailando.
Cuando nos dirigíamos a buscar al predicador
nos bloqueo el paso la banda
y yo me tropecé con la batuta del director...

...que abrió la boca y chilló con voz de soprano
y se giró y vimos que, ivaya!..., ¡era el tirano!
"Está prohibido...” empezó de un gritón.
Asustados, nos escapamos por un callejón.

Llegamos hasta la casa del sabio,
el viejo llevaba el nombre de Octavio.
Nos abrió la puerta y dijo: "Pasad".
Nos había estad esperando.

Nos dirigimos todos a la sala de estar,
sacó su bola cristalina y se puso a mirar.
Dijo: "Veo, veo... ".
Preguntamos: "¿Qué ves?"
Contestó: "Un profesor con cara de estrés".

Y de repente, ¡pum!, explotó el adivinador
Y en su lugar estaba... ¡Tirano, el dictador!
Abrió la boca y dio un bramido:
“Os he dicho que esta prohibido... ".
Pero entonces le interrumpió al profesor
el estruendoso pitido que causaba mi despertador.

Jessica Frain, 3º B

viernes 26 de junio de 2009

"El final de una nana", de Andrea Subirá (Primer Premio Narrativa Bachillerato)

EL FINAL DE UNA NANA

Si pudieras conocer el destino, todo lo que ha ocurrido y lo que aún está por venir; ¿cómo te sentirías?

Hace mucho tiempo, nació un muchacho capaz de alcanzar las hebras que el destino tejía. Sólo tenía que colocarse ante un libro, abrirlo, y leer. En el momento en el que las letras cruzaban su visión, empezaba a tejerse el tapiz que le permitiría ser conocedor de los más oscuros secretos del porvenir.

Como si fuera un sueño común para todos, las predicciones de ese chico se hacían realidad. ¿Qué es lo que veía? Sólo él lo podía saber. Su secreto fue conocido a lo largo y ancho de todo el mundo y el joven fue arrancado de su vida y obligado a vivir una muy diferente, con el único objetivo de guiar a todas las personas, garantizándoles una vida tranquila y libre de imprevistos; y desvelando los eventos que serían próximos para todos aquéllos que alguna vez le preguntasen.



Morirás a la edad de dieciséis años.

"Y con la ayuda del maestro Lían, hoy también será un día bueno y seguro."

"Basura, todas estas personas no son nada más que basura." Murmuré fijándome en sus estúpidas y ridículas caras, viendo cómo adoraban algo que sólo les va a llevar a su destrucción. ¿Seguirían adorando esta desgracia incluso cuando sea la dictadora sus últimas palabras?, ¿incluso cuando suene la campana anunciando el final de toda una vida echada a perder? Este mundo no es nada más que un montón de sucia basura.

Está nevando. Los ligeros copos de nieve que caen del cielo sumergían el mundo bajo una capa de blanco. Moviéndose como los pétalos de las flores que bailan con el viento en la última primavera, así de frágiles y suaves caen hasta que llegan a la tierra. En la distancia podía ver nubes oscuras avanzando lentamente, engullendo zonas blancas en una sombra leve; pero era casi inapreciable en su reflejo brillante y aparentemente impecable. Cielos más o menos despejados reinaban sobre la ciudad en ese momento, y podía ver algunas estrellas brillando con intensidad en el firmamento y en las aberturas entre las nubes, de un suave matiz escarlata. Una estrella fugaz pasó rápidamente ante mi vista pero ni siquiera me molesté en pedir un deseo. ¿Para qué desear, cuando el destino ha decidido mi futuro por mí, y yo conocía ya mi final? Recuerdo que hace mucho tiempo, cuando era joven e ignorante; alguien me contó que la nieve son las lágrimas de los ángeles, que caen a la tierra desde lo más alto de los cielos empíreos. Pero esto, como mi sonrisa al observar los caprichos del destino, es falso. Echo un vistazo fuera a la nieve que cae, mientras lentamente mi mano se apoya en la parte baja de la ventana. Murmuro silenciosamente ignorando mis temblorosos dedos y el frío amargo del cristal.

"El año que viene ya no estaré aquí. Esta nieve que veo helada en mis ventanas y cayendo del cielo reposará sobre los ojos de mi cuerpo, cerrados eternamente. Nunca más la volveré a ver."



¿Cuántos días quedan ahora? Sé que es menos de un año. No estaré vivo el próximo' invierno. No estaré vivo la próxima vez que nieve.

Puedo sentir mi puño y mis dedos cerrándose mientras contemplo mi propia mortalidad. Ignorando mis pensamientos persistentes miro más allá de las escaleras, hacia la ciudad.

Chispeantes luces de colores medio cubiertas de nieve decoran las calles, alineadas en los marcos de las puertas, los de las ventanas, en los tejados... Por todas partes. Estas personas, esta escoria, están felices e ignorantes, merodeando con expresiones sonrientes y sus bufandas abrigándoles por encima de la nariz. Esta escoria debe de estar disfrutando el día seguro y sin imprevistos que les aseguré esta misma mañana. Están correteando por todos lados, sosteniendo muchos tipos de paquetes, y felicitando a los otros individuos con los que se encuentran...

¿Por qué hay tantas luces brillantes? ¿Y verde, y rojo, y otras muchas decoraciones festivas? Puedo oír música sonando tenuemente desde donde estoy, a través del cristal de mi dormitorio en lo más alto de la catedral. Miro apáticamente mi reflejo mientras me alejo del cristal y doy la espalda a las festividades de la ciudad de abajo. Mis párpados descienden sobre mis ojos mientras la melodía continúa resonando en mi memoria. Recuerdo esa canción.

La puerta de mi habitación se abre. Una voz tímida se oye detrás del marco de la puerta.

"¿Lian? ¿Se encuentra bien? Siento mucho molestarle." Abro mis ojos mientras la veo entrar y cierro la puerta tras ella, silenciosamente. Me sonríe, a pesar de que a través de sus ojos puedo ver que está preocupada y confusa. Está cavilando algo en su mente.

"Aria, acércate." Ignoro su pregunta y hago un gesto hacia la ventana. Veo cómo ella se asoma tras el cristal y hace pasar el brillo de las luces. Sonríe, y por alguna razón me siento menos vacío, menos indiferente con el mundo. Esta extraña alegría... Sonrío en mi fuero interno ante su inocencia, la mente de mi asistenta no sabe absolutamente nada sobre los caprichos del destino. Hace mucho tiempo que decidí mantenerla alejada de esta desgracia, evitar que se convierta en lo mismo que todas esas personas que dependen de mi lectura para vivir. "Aria", le digo. Ella se gira y su largo cabello caoba fluye tras ella mientras me mira, y centra sus ojos escarlata sobre mí. Reparo en ellos y me sorprendo a mí mismo sonriendo mientras hablo. "Quiero que vengas fuera conmigo, es tu tarea como asistenta."

"Sí, ¡por supuesto! Donde quiera que vaya, no me separaré de usted." Ella me sonríe. Su cara resplandeciente me hace sonreír a mí también. Es irónico; sé que ella tiene que venir conmigo y seguir mis órdenes. Después de todo, ella es mi asistenta; y debe acompañarme y evitar a toda costa cualquier situación peligrosa por mi seguridad.

"Está bien, ve a coger tu abrigo y nos marcharemos. Nos reuniremos en la entrada en diez minutos, entendido?"

"Sí, ¡por supuesto! Haré todo lo que usted me pida." Ella se da la vuelta para salir de mi habitación, pero antes de girarse, una expresión confusa aparece pintada en su cara. La ladea levemente cuando dice, "Señorito Lian, fuera... ¿Por qué hay tantas luces?"

Navidad... ¿Cómo podía olvidarlo? Esa canción... ¿Cuándo había sido la última vez que había celebrado la Navidad? Tuvo que ser hace mucho tiempo... Toda esta celebración es basura, como todo este mundo. Familias, amistad, amor... No creo que ni siquiera me acordase de reconocer su existencia el año pasado...

Después de todo; ¿qué es la Navidad sino otro día más para golpearme en la cara con la realidad de una muerte inminente y mi propio final?

La nieve caía con más fuerza, los blancos copos de cristal ganaban en tamaño. Las nubes oscuras se habían cernido sobre la ciudad sumiéndola en sombra, sin embargo, las luces claras y coloridas disipaban las sombras y la nieve bañada en su luz brillaba en el reflejo de muchos de los colores festivos. Podía sentir la helada respiración del viento ondeando entre mi pelo, pellizcando dondequiera que mi piel descubierta estuviera sin cubrir, incluso a través de mis ropajes. Las gotas cristalizadas de agua pura llegaban hasta mis tobillos, casi hasta las rodillas. Podía sentir mi desgraciado cuerpo resistiéndose a funcionar. Pero ignoré sus protestas. "¿Lian, tiene frío?" Miré hacia donde estaba la chica, a mi lado. Sacudí la cabeza y me giré, observando a lo lejos una ventana abierta donde un árbol de navidad permanecía decorado cuidadosamente con luces y ornamentos, encabezado con una estrella. Bajo las largas ramas del abeto había cajas, envueltas en colorido papel festivo coronado con cintas y lazos. Podía ver una familia unida sentada: un padre, una madre, y un niño... Estaban todos acurrucados bajo una cálida manta de lana gozando del calor del fuego, que chisporroteaba.

¿Por qué no soy como ellos? ¿Por qué estoy solo? ¿Por qué no tengo una familia? ¿Por qué?

¿Por qué tuve que convertirme en esto, precisamente yo...?

Recuerdo... celebrar la Navidad... hace mucho tiempo... Recuerdo decorar un viejo y desarreglado árbol, con sus ramas de abeto rompiéndose y cayendo de cualquier lugar donde mis dedos o mangas tocasen la delicada rama. Algunas veces hice adornos arrancando páginas de los viejos libros que los Maestros me dijeron que leyera. Se enfadarían mucho conmigo, pero no me importaba... No lo entendía... Quería ser como las familias que había estado observando desde fuera a través del cristal de las ventanas de la ciudad.

Ahora estaría de pie, vería los cielos claros buscando una sombra, y pidiendo deseos a las estrellas fugaces...

...y solía tocar esa canción... No recuerdo dónde la aprendí, pero la tocaba cada vez que era Navidad... Hasta que...

"¿Lian?" Salí de mi recuerdo y volví al cruel presente. De repente me hice consciente de mis manos temblorosas, expuestas; y de las suyas cerradas firmemente, envolviendo las mías propias. Sus grandes y luminosos ojos vieron a través de los míos, y entonces pude ver la preocupación que en ellos guardaba. Pude sentir su tenso abrazo sobre mis manos desnudas, y ver sus labios fruncidos con preocupación. No le pegaba, no cuando la recordaba bailando alegre entre pétalos que caen, y sus ojos y su cara radiantes a la luz del sol, y su también su preciosa risa resonando a través de los frondosos valles verdes. Le sonreí antes de alejarme de su mirada, y también de la ventana abierta. Murmuré silenciosamente en el viento, mientras cerraba los ojos recordando de nuevo,

"Siento haberte preocupado, Aria. Sólo estaba recordando."

Me miró sin terminar de entenderme.

"Volvamos ya a la catedral, la nieve se está haciendo más espesa."

"Vale, Señorito Lian... "

Volvimos a la catedral, que aún estaba penumbrosa con su silencio y vacío. Las velas habían sido encendidas para darle a la catedral un aspecto más festivo, aunque también para conseguir una decoración menos fría y más agradable, adecuada a ojos de las personas. Mientras, pasaba la mirada por la habitación, fijándome desde el reflejo del manto de nieve en la calle hasta llegar a la penumbra de la catedral.

¿Por qué estoy solo?, ¿Por qué no tengo a nadie?

¿Por qué?

Veo a los maestros detrás mientras van de un lado para otro exclamando palabras incomprensibles para los demás.

Me siento en el suelo sujetando el libro que he tomado de la biblioteca, el sitio que menos me gusta. Siempre estoy solo allí. Allí o en mi habitación, condenado por mi cuerpo débil y decadente. Todos los días me fuerzan a leer innumerables textos, buscando significados, encontrando nuevos sucesos, ignorando mis sentimientos al saber todo lo que ocurre en la tierra, y a su vez, mi propio final... Mis ojos se vuelven borrosos a medida que me esfuerzo para descifrar la escritura a mano, tan minúscula. La pila de libros que tengo detrás es tan alta que casi sobrepasa mi propia altura. No tengo otra cosa que hacer que leer y leer.

Leer hasta que...

Suspiro mientras subo por los empinados peldaños de las escaleras quedándome en las sombras, escondido de la vista de los Maestros y de los curas. Alcanzo mi destino. Mis manos rozan la fría superficie del marco mientras tiro levemente contra la puerta pesada. Mis ligeros, expertos dedos palpan buscando el botón de la luz. Mi mano lo alcanza; sitúo el botón, lo pulso.

La luz se filtra en mi habitación. Echo un pequeño vistazo mientras distingo los muebles de color blanquecino, la ventana por la que solía contemplar el patio, cerrada; la nieve arreciando en el exterior. Mi cama, mi escritorio, muchos papeles ordenados en las estanterías y una gran agenda plagada de horas que debía dedicar a esa estúpida lectura. Una gran responsabilidad que recaía sobre mí, y que yo no había escogido en ningún momento. Al fondo de todo, ese viejo piano que solía tocar aún cuando mis dedos estaban fuertes.

"¿Señorito Lian?" Me giro y sonrío a mi auxiliar personal antes de deslizarme una vez más sobre las antiguas teclas. Mis dedos no están preparados y todavía tiemblan cuando los acomodo sobre éstas, frías. Hago caer unas pocas notas, el principio de la nana que aprendí hace mucho tiempo, cuando todavía era ignorante de mi destino y de mi deber. La nana, como si al contacto consiguiera liberarse de unas cadenas de plata, abandona fácilmente mis dedos a medida que toco más rápido y a mayor volumen. Todavía me acuerdo. Las teclas de marfil son más pesadas de lo que recordaba, seguramente por la antigüedad del teclado o por mi propia debilidad. Mis dedos permanecen inseguros y más débiles que hace todos esos años, pero todavía son capaces de planear sobre el teclado. Las notas, la melodía todavía suena pura como el cristal a pesar de la antigüedad del instrumento. Puedo oír los ecos de la inquietante melodía llenando la habitación, trayéndola a la vida una vez más. Cuando toco por último las notas restantes, escucho unos aplausos detrás de mí y me siento recompensado por una amplia sonrisa.

"Lian, ¡ha sido impresionante! ¿Cómo lo ha hecho?" Ella me sonríe y me siento a mí mismo olvidar que mis dedos tiemblan mientras tomo suavemente su mano derecha. La dirijo a las teclas lisas y coloco sus dedos ligeramente en posición. Ella la mantiene torpemente mientras me mira, confusa pero solícita. Entonces elevo mi mano derecha sobre la de ella, una octava por encima, y comienzo a tocar el principio de la nana lentamente, una nota cada vez, y una pausa en la que ella se esfuerza e imita mis dedos. La guío mientras toco, empieza a familiarizarse y a sentirse más cómoda.

Levanto la mirada mientras ella toca el principio de la melodía con una mano. Sobre sus ojos las cejas se fruncen, denotando concentración. Poco después toco otra vez, ahora junto a ella, y juntos escuchamos las notas alzándose libremente en la habitación. Mis dedos cada vez más temblorosos suplican que me detenga, y finalmente decaigo y acepto sus ruegos. La última nota resonante del preludio marca el final de la pieza. Y cuando el eco desaparezca, silenciosamente la melodía de la nana morirá. Entorné mis ojos en la palidez de mis manos, y alcanzando a ver mi lívido reflejo y mis fríos ojos verdes sobre el cristal de la ventana, congelado, comprendí que no podría volver a tocar otra vez.

Estoy sentado otra vez en mi habitación, solo y mirando por la ventana. Mi cabeza apoyada sobre una mano mientras observo en la distancia los copos de nieve que reflejan un millar de arco iris en el esplendor de la luz. No hay dos iguales, son todos diferentes sin importar cuán similares pueden verse y aunque parezcan idénticos los unos a los otros. Hoy es Navidad y es la última Navidad que tendré nunca. Es una fiesta celebrada por esa escoria. Qué irónico es que aunque vaya a morir, esto no supondrá ninguna diferencia para estos trozos de basura. Qué estúpido, que aunque yo desaparezca, seré sustituido. Entonces nadie notará la diferencia.

Menos de un año. Queda poco más de medio año de vida. El momento se está acercando... Desapareceré completamente de este mundo.

"¿Señorito Lian?" Mis oídos lo perciben en cuanto me giro hacia la puerta. Está abierto y ni siquiera había reparado en sus pasos aproximándose. "Tengo algo para usted... " Sostiene un pequeño paquete envuelto en el mismo papel bonito que vi a pies del árbol de aquella familia. Está decorado toscamente con un listón y un lazo.

" ... " Silenciosamente acepto su paquete. Se arrodilla ante mi asiento y observa con sus profundos ojos mientras lo abro con cautela. Lo saco, lo sostengo en mis manos y sonrío ante el pequeño mecanismo mientras le doy cuerda. La melodía, familiar, comienza a fluir a través de mi cuarto bañado en la sombra. Abro la boca para hablar, pero repentinamente me interrumpe.

"Es su regalo, Señorito Lian, porque quiero celebrar la Navidad únicamente con usted." Me hundo en sus ojos inocentes y lo único que siento dentro es calidez. Me levanto y aparto la mirada de ella mientras me dirijo a la ventana y observo la nieve.

"Aria... Gracias, pero no tengo nada para ti. ¿Cuál sería tu mayor deseo por Navidad?" Yo sabía perfectamente cuál sería el mío. Sería que mi persona pasase desapercibida y nunca más volviera a ser capaz de leer el porvenir ni conocer mi propio final. Mi deseo sería no tener que vivir esta vida ahogada en la desesperación y no haber presenciado nunca la cuenta atrás hacia mi propia muerte... Mi deseo sería no desaparecer tan pronto.

Entonces percibo sus pequeños brazos envolverme firmemente por detrás. La oigo susurrar silenciosamente, su templada respiración se acaricia contra mi oreja:

"Quiero que sea feliz... y quiero estar siempre junto a usted, Lian."

" ... " Miro hacia la ventisca arreciando tras mi ventana y le digo pausadamente: "Si voy a desaparecer de este mundo para siempre, te lo diré de antemano... "

Me mira. Sus ojos escarlata recaen sobre los míos y descubro que mis temores son ahora los suyos. Puedo oír su voz suplicante ahogándose en la amargura de una realidad que no quiere aceptar.

"No... Yo no... ¡Yo no quiero que desaparezcas! Sea tu deber o sea el destino, no me importa, quiero que estés conmigo... Sólo tú, Lian, ¡siempre! No quiero estar sola nunca más... " Puedo sentir sus lágrimas saladas a través del tejido de mi camisa. Su abrazo, entonces, se vuelve más tenso.

¿Sola? ¿Nunca más?

Me agacho mientras su abrazo disminuye y continúa llorando. La envuelvo contra mi cuerpo y extiendo mis dedos temblorosos, apartando una lágrima derramada de su mejilla. Abre sus ojos y de repente me agarra, presionándome firmemente contra su pequeño cuerpo. Puedo sentir que sus delicadas manos cerradas sobre mi espalda no quieren dejarme ir.

"No desaparezcas... por favor." Me lo ruega. Permanezco impasible, mirando con apatía hacia la esquina más oscurecida de mi habitación. Unos segundos después le respondo.

"Sólo estaba bromeando... No me hagas caso." Su abrazo se vuelve más firme mientras me mira con sus ojos escarlata, atravesando los míos, que encarnaban las esmeraldas. Sonríe levemente, lágrimas siguen brotando de sus ojos.

"Hasta entonces, no importa el qué, deja que esté siempre a tu lado, Lian... Por favor... Por favor... Por favor... " Su sonrisa y sus ojos se dirigen a mí... y sonrío también cuando cierro los míos y asiento.

"Sí."



"Incluso si mi yo real muere pronto, desapareciendo completamente de este mundo..."

... Es tan dulce...

"Porque con la ayuda del maestro Lian, ¡hoy también será un día bueno y seguro!"


Andrea Subirá, 1º de Bachillerato de Humanidades

jueves 25 de junio de 2009

"Poesía a Selene", de Joshua Pelegay (Segundo Premio Poesía Bachillerato)

POESÍA A SELENE

Como jirones de vapor
pretende escapar la luna
y así probar fortuna
por las sendas del amor.
Como una tempestad
pretende escapar Selene
a ver si así suerte tiene
en la busca de verdad.
Pero cuanto más se aleja,
añora y siente tristeza,
débil y sola se queja.
Y es que por naturaleza
necesita al sol que refleja
como nieve su belleza.


Ya no volverán aquellos días
en los que sobre nosotros escribía.
No más sonrisas... No más alegrías...
No me diste nada, y jamás lo cambiaría
y es que no sé por qué, pero sé que en verdad me querías.
No volveré a escribir a ninguna otra como a ti,
ya que como luna solo hay una,
ya no hay más musas para mí.
Soñé un futuro, un futuro junto a ti,
pero hoy es mi futuro y siempre tendré presente
que en el pasado luna llena me hubo amado.
Hoy solo queda el recuerdo,
y a él le escribo, que si estuve loco por ti,
por tu ausencia hoy estoy cuerdo.


Joshua Pelegay, 2º de Bachillerato de Ciencias

"La pérdida de la esperanza", de Francis Frain (Segundo Premio Poesía, 1º y 2º de ESO)

LA PÉRDIDA DE LA ESPERANZA
Cien mil fuegos cubrían la ciudad de los rusos.
La vida se apagaba en los cuerpos de las personas
y la muerte les venía como unos intrusos.
Mirad los cuerpos que yacen allí,
en todas las esquinas
en todos los lugares,
mirad cómo su sangre brota,
como si fueran mares.
La gente ya no oye los disparos,
la gente ya no oye los bombardeos.
Ya no tienen alegría,
ya no piden deseos.
No son nada.
Como cristales en una laguna,
viéndose todo transparente.
¡Por doquier se ven almas
que no pertenecen a gente!
Pero por las personas que aún no se han rendido a la locura
tienen tatuado en la frente:
el horror.
¡Esperad seres vivos
que queden vivos!
Para vosotros aún se espera más
pérdida de esperanza.
Porque aún aquí vienen alemanes
riéndose de vosotros,
como si no hubiera pasado nada.
Y para vosotros que habéis vivido el pasado,
no esperéis menos.
Porque esto es el principio del fin de lo acabado
y esto es el empezar de un ser malgastado.
¿Acaso sobrevivirán?
¿Acaso sobrevivirá alguno?
Si eso no es así, bienvenido al inframundo.
Francis Frain, 1º A

"Beso", de Melanie del Pino (Primer Premio Poesía, 1º y 2º de ESO)

BESO

Escribo con mi aliento estas palabras llenas de pasión; te las dedico con amor, un beso y todo mi corazón. Te lo entrego todo en el envoltorio de mis labios. Las letras corren por mi lengua hasta que ésta se toca con la tuya, edificando un puente entre ambas almas por el que mis palabras corren hasta llegar a tu garganta, por la que se deslizan hasta tu corazón para llegar a tu sangre; fluyendo por ella hasta tu cerebro para conseguir un estímulo, que te haga reaccionar y apoyar tus labios sobre los míos para depositar en ellos toda la pasión de la que eres dueño y entregarme tu alma, con tan solo un beso.

Melanie del Pino, 1º C

miércoles 24 de junio de 2009

"Mi jardín", de Mario Sin (Segundo Premio Poesía, 1º y 2º de ESO)

MI JARDÍN

La rosa roja
o tal vez blanca
y una hormiga coja
con voz ronca.

La margarita blanca,
qué hermosura,
el clavel rojo
es mi ventura.

Voy a poner un huerto
lleno de flores y alegría
para ir por la mañana,
a despertar el nuevo día.

Los árboles son grandes,
llenos de frutos apetitosos,
que recogen sin parar
mis dedos hermosos.

Estoy en la ventana,
la mañana crece,
con el canto de los pájaros
el cielo se enrojece.

Con el calor del mediodía
la rosa más roja
crece deprisa
para que la escoja.

Al atardecer
riego las flores,
les doy cariño
pues son mis amores.

Por la noche
sueño con ellas
a veces me despierto,
¡qué bellas!

Al día siguiente
otra vez repitiendo
el mismo trabajo
como yo lo entiendo.

Y al mes siguiente
sigo con lo mismo,
cuidando a las flores
como a mí mismo.

Y al año siguiente
volveré a plantar
rosas, geranios
y otras flores de azahar.

Son las flores mi pasión,
yo siempre las cuidaré
y siempre algo de ellas
¡Esperaré, esperaré!

Mario Sin, 1º A

"Un buen amigo", de Mario Sin (Primer premio Relato, 1º y 2º de ESO)

UN BUEN AMIGO

Como sabéis al terminar la época de caza, muchos perros son abandonados o asesinados. Esta es la historia de Gufi.
Gufi es un perro grande ya no útil para la caza porque ya ha llegado a una edad muy alta. Es muy cariñoso, siempre quiere hacer trabajos, pero ya no es útil. Gufi es un galgo, una raza muy seleccionada para la caza, aunque no sean perros muy guapos; suelen ser flacos. Guifi era todo lo contrario a eso. Gufi, en sus primeros años, era un perro muy guapo que no aparentaba que era un galgo, también era fuerte. Pero en estos últimos años estaba muy débil y ya no era útil para la caza ni para ninguna faena. Entonces para su dueño no es más que un estorbo de perro. Porque solo le tiene que dar de comer. Todos lo maltrataban en la casa de su dueño, todo lo contrario de cuando llegó. Ya a casi nadie le gustaba, pero tampoco no lo podía vender, porque ya lo había intentado, pero nadie lo quería, por su poca utilidad y porque ya no era guapo. En una época hubo uno interesado y lo iba a comprar; se le veía buena persona y, aunque ya no fuera útil y fuera viejo, lo quería para tener compañía porque, como al igual que él, ya estaban casi solos y los dos eran viejos. El anciano lo iba a comprar por lo que valiera y le salía muy barato, se lo vendían por cincuenta euros. Pero con tan mala suerte que un día antes de ir a recoger el perro y pagarlo, al salir a la calle, vio a un perro pequeñito que lo iba a atropellar un camión. Entonces él se lanzó a cogerlo, pero con tan mala suerte que, cuando lo cogió, le paso el camión por encima. Pero él se alegró porque le dio tiempo de tirar al perro y que no lo atropellaran. Se está dos días en el hospital y al cabo de ese tiempo se muere. El dueño de Gufi decide matarlo porque ve un mal gasto en quedárselo, pagarle toda la comida y, cuando llegase la temporada de caza, no poder utilizarlo. En vez de responder bien ante el esfuerzo del perro a lo largo de su vida, pues decide matarlo. El dueño de Gufi, cuando el hombre ya no vino, pensó que se habría dado cuenta de que ya no servía para nada. Pero estaba muy equivocado. Entonces el dueño de Gufi decide tirarlo por un precipicio contra una roca. Hizo como si tuviera comida delante de el precipicio, entonces el perro fue, se puso al lado del precipicio, el hombre vio la oportunidad y lo lanzó por el precipicio sin pensarlo un solo momento. Lo lanzó descaradamente y con toda la rabia del mundo, sin tener piedad del pobre animal, que le había dado más de una comida con su trabajo en la caza. Con tan buena suerte del perro que cuando cayó, aterrizó en una charca de agua. Entonces le cuesta levantarse, andar, le cuesta hacer cualquier acción. Al cabo de unos días logró “caminar” sin rumbo fijo, vagando por todos los lados. Consiguió llegar al pueblo, pero nadie lo quería por su aspecto, vejez y daños. Todos lo asustaban y le hacían irse, no podía hacer nada. Estaba desnutrido y deshecho. Un día se tiró en la hierba totalmente desnutrido. Era el fin. Pero justo entonces apareció Alonso. Alonso era un niño de ocho años no era muy alto, estaba fuerte, tenía ojos azules y pelo castaño. Eran dos hermanos y una hermana. Se llamaban Juan de quince años y María de veinte. Su hermana ya vivía fuera, su hermano es un poco rapero, también pasa de todo lo que le dicen sus padres. Sus padres no eran muy viejos. Su madre se llamaba Pilar, de cuarenta y cinco años y su padre Benjamín de cincuenta años recién cumplidos. Su madre trabajaba de secretaria en un concesionario de Seat. Su padre de profesor en el instituto. Tenían una buena casa y un buen coche. Acababan de mudarse de su ciudad, Valencia, porque a su padre le habían ofrecido trabajo en Pociello.
No había muchos habitantes, pero suficientes para un instituto. Su padre en el verano cuando ya no tiene que ir a trabajar, le gusta pasar el tiempo libre en la caza. Sin embargo a Alonso no le gusta nada eso de la matanza de animales, pero lo que menos le gustaba (le daba rabia y hasta a veces lloraba) era cuando por la televisión salía que habían matado a un perro de la manera más cruel posible. Lo único que él quería era que lo llevaran a una perrera y ya esta no buscaba nada más, pero nadie lo hacía. Alonso de mayor quería trabajar para proteger todo eso que él tanto odiaba. Ya se lo había dicho a sus padres. A su padre no lo había parecido muy buena idea porque se pondría mucha gente contra él. Pero eso a Alonso le daba igual. A su madre le parecía una excelente idea y le dijo que le apoyaría en lo que hiciera falta. Alonso decía que admiraba a la gente que los protegía, metiéndose con todos sólo para salvar a los pobres perros.
A Alonso no le gustaba demasiado el pueblo, aunque sí un poco más que Valencia. En verano estaba casi sólo, solamente tenía dos o tres amigos. Su padre se pasaba todo el día de caza y su madre en casa, limpiando, haciendo la comida, planchando, todo eso que hace una madre en casa decía Benjamín.
Gufi vagaba por los montes, sin rumbo fijo y un día se acercó por el pueblo, pero todos lo echaban. Benjamín lo vio y le intentó dar un patadón y el perro lo esquivó como pudo. Al cabo de unos días, Alonso jugando con sus amigos al fútbol, vio al perro, todos lo vieron y entonces empezaron a tirarle piedras. Alonso se puso en medio para proteger al pobre animal y sus amigos se marcharon sin decir nada. El chico se quedó con el perro, le dio comida, agua, lo lavó, lo peinó y le buscó un sitio donde pudiera estar tranquilo. Fue al veterinario de su pueblo y le pidió unas vendas. Éste, antes de dárselas, le preguntó que para qué las quería. Alonso, como sabía que si le decía la verdad no se las daría, se inventó una mentira, le dijo que quería jugar a médicos. El veterinario le dijo que sólo se las dejaba por esta vez y que cuando se le gastaran ya no le daría más, porque era un gasto inútil.
Nuestro amigo fue en busca del perro y lo encontró tumbado en su escondite. Le curó la herida con algunas cosas que había cogido de su casa y lo vendó. En unos días ya tenía la pierna curada. Alonso iba siempre a darle comida y a jugar con él y sus amigos siempre le preguntaban que dónde había ido. Él cada día se inventaba una excusa diferente.
Alonso se dio cuenta que en el collar del perro ponía Gufi, pues como estaba tan contento no se había preocupado de ponerle un nombre; desde entonces le llamó Gufi.
Al día siguiente estuvo a punto de decirles a sus padres si se podía quedar con el perro, pero pensó que le iban a decir que no. Por lo tanto todos los días siguió viéndolo a escondidas, alimentándolo y jugando con él.
A Alonso le gustaba jugar al fútbol con el perro y desgraciadamente sucedió que un día nuestro amigo, al ir a coger la pelota, cayó a un pozo que había en el lugar. Gufi empezó a ladrar, pero nadie le hizo caso. Se daba paseos por el pueblo corriendo nervioso, pero nadie le prestaba atención, en todo caso lo único que hacían era tirarle piedras o darle alguna patada. El pobre perro no dejaba de ladrar y ladrar intentando salvar a su amigo.
Los padres y todo el pueblo se empezaron a preocupar de la falta del muchacho, empezaron a buscarlo por todas partes y nadie lograba dar con él.
Fueron sus amigos los que relacionaron al perro con la desaparición de Alonso y decidieron seguirlo. El perro los condujo hasta el pozo y escucharon la voz del niño que pedía auxilio. Salvaron al muchacho y todos le cogieron un gran cariño al animal. Desde entonces Alonso tiene el perro en su casa. Es su mejor amigo.

Mario Sin, 1º A

miércoles 10 de junio de 2009

"La historia de dos amantes y el atardecer en la bañera", de Julia Martínez (Primer Premio, Poesía, Bachillerato)


LA HISTORIA DE DOS AMANTES

Y EL ATARDECER EN LA BAÑERA

JULIETO Y RAMERA

—¡Sátira! ¡Devuélveme mi indulgencia!– Sus palabras encallaron en mi mente con gracia, pero no alteraron mis pensamientos ni mis sentimientos…— ¿Cómo osas burlar de esta manera al hombre que amas?
Mi corazón se paralizó. ¿Podían ser ciertas, acaso, las palabras que brotaban de su boca y que se habían clavado como estacas en el reloj de mi alma?
Sí, acababa de deslumbrar el sentimiento extraño que desde un tiempo albergaba en mi más profundo pero sincero ser.
¿Era cierto entonces? ¡Sí! ¡Le amaba!
—¿Cómo es posible que tu corazón permita vencer a la traviesa mente de chiquilla frente a la mujer emanante de luz, que eres realmente? ¿Acaso no conoces el sentimiento que te hace sonrojar? ¿No lo reconoces? Amor…, ¡es Amor!
Aquél que arrebata el sueño de cualquier soñador.
Aquél que corta las palabras de cualquier orador.
Aquél que priva de ideas a mentes pensantes.
Aquél que te hace mirar las estrellas haciendo que todo lo bueno y todo lo malo se desvanezca por un instante, meciéndote en la brisa con ternura, al compás de la emoción. ¡Qué dicha más dulce! Y qué cruel…, cuando ese sentimiento no tiene otro igual frente al suyo.
Ah…, si pudieras entenderme…
¡Yo la amo, mi señora! Y créame, por usted volaría mil treguas, estrechando mares y hasta el propio espacio.
Y cuando me dejo llevar, por este dulce y exquisito delirio…
Ya no tiembla mi alma si de amarla se trata. El Amor es, pues, la respuesta al cosmos.
Es la única razón, el único motivo por el cual existimos. Qué injuria no conocer el Amor. Quien no lo vive padece de una eterna pesadilla ajena tanto al mundo real como irreal, que al fin y al cabo forman el mismo mundo, pues en los dos habita el Amor.

...

FRENTE A SU DONCEL

La flor de la aurora tiembla…
¡Has venido!
Me miras, te miro.
El núcleo de mi existencia,
pequeño como una pasa,
se ensancha hasta el punto de abarcarlo todo.
Ya no hay negro, ni blanco.
Ya no hay tiempo, ni espacio.
Solo el semblante de la luna clara,
que yace sobre nosotros,
mitiga nuestro amor.
La flor de la aurora tiembla.
Te acercas.
Suspiro.
Y el cosmos se funde
en la unión de tus labios con los míos.

...

SE ACABÓ EL AMOR

Me miras, y con mirada ansiosa
te preguntas por qué.
Me miras, y el deseo abrupto se convierte en vejez.
Envejece tu alma, tu amor, tu piel.
La incertidumbre recorre tu mente
y me reprochas.
Reprochas mi actitud y mi decisión,
sin tener en cuenta la tuya propia.
No es tu alma quien sufre, es tu ego.
Me pregunto quién de los dos me amaba,
y si aún me ama.
No, ya no lo hace.
Aparto la mirada y me hago la dura.
“Soy viento que fluye, fuera de cadenas
y destinos”.
Te giras, ahorrándote tentar mis emociones.
Y así, sin más, se acaba el amor.
Y te miro, y con mirada ansiosa me pregunto por qué.
Te miro, y como viento que fluye me alejo de cadenas y destinos…

...

CANCIÓN DE LLUVIA

Invocando a los truenos
para que vengan a despertarnos.
Que intimiden nuestra soledad
y hagan retumbar los cimientos
de cada uno.
Que se revuelva la vida
en el eco de cada latido
que el cielo nos grite.
Y que se agite la sangre de este bosque
lleno de venas vacías de amor,
por las que corre el miedo.
Que venga la lluvia también
y que resbale por los ventanales
y las sienes de la gente,
limpiando de impurezas y verdades falsas
los sueños que amenazan con cumplirse.
Que vengan los truenos y nos despierten
de esta pesadilla en la que continuamos
presos por miedo a ser felices.
Que se rompan las cadenas
del invierno pecaminoso de cada uno.

...

PEQUEÑA DECLARACIÓN DE AMOR

Hay un amor que me desquebraja toda la espina dorsal.
Hay un amor que me hace brotar poesía.
Y si me suelto el pelo,
en él se enredan
letras y sentimientos.
Hay un amor que me hace brotar, poesía.

Julia Martínez, 1º de Bachillerato de Humanidades y Ciencias Sociales

martes 9 de junio de 2009

"Crónica", de Alberto Sin (Segundo Premio, Relato, 3º y 4º de ESO)


CRÓNICA


Aquí me tenéis, sentado en este buen sillón rojizo de la estación de tren de Delicias, en plena ciudad de Zaragoza, esperando impacientemente que llegue mi tren, ese tren que me ha de transportar hasta Barcelona, donde cogeré mi avión. Ya me he despedido de todos mis familiares, nadie sabe cuándo se producirá mi regreso, uno, dos, tres meses…, no lo sé. Media hora llevo aquí esperando al tren y todavía no ha aparecido; bien es cierto que aún falta un cuarto de hora para que se cumpla el horario de salida, pero aquí me veis, quizá esperando a que llegue antes o quizá esperando entrar el primero.
Ya lo veo acercarse. Poco tiempo pasa hasta que nos hacen subir, poco tiempo pasa hasta llegar a Barcelona y poco tiempo pasa hasta despegar. El avión no es de muy buena calidad. Estoy sentado entre un hombre y una señora mayor; el hombre parece descuidado y diría que algo preocupado, la señora está leyendo una revista de decoración.
El viaje se me hace eterno; cuando por fin estoy en la salida del aeropuerto, me llevo una sorpresa tremenda: todo parece el peor barrio de mi ciudad, calles viejas y casas en fatal estado. No espero mucho hasta que llega Carlos Señor. Es un hombre de mediana edad, no muy alto; su rostro está cubierto por una barba, su cabello está bien arreglado, bien peinado. El hombre comienza a hablarme y con su agradable tono me explica dónde se encuentra el hotel en el que me voy a hospedar esta noche. Señor es uno de los colaboradores del embajador español en este país, país del que no voy a dar el nombre. Al sur hay un importante conflicto armado y allí voy yo. Voy a ser el único español del lugar; me hicieron un ofrecimiento interesante y llegué a un acuerdo con los más importantes medios de comunicación.
Y aquí estoy. Lo único que traigo conmigo es una gran mochila de montañero en la que llevo algunas cosas básicas y, por supuesto, mi ordenador portátil, mi grabadora y mi pequeña cámara, que, aunque no sea de gran calidad, me valdrá para tomar algunas imágenes. Mañana por la mañana, según me han dicho, me vendrán a recoger y me llevarán hasta el Campo de Periodistas, una zona cercada y altamente protegida en la que los periodistas nos instalaremos un tiempo indeterminado.
Llego al hotel, por así llamarlo, y me sorprendo terriblemente pues mi habitación es pésima. Ni tan siquiera las paredes están pintadas, ni en el suelo hay baldosas; la cama es un colchón tirado y el baño…, mejor ni nombrarlo. Lo primero que hago al despertarme es encender mi ordenador para comprobar si tengo algún mensaje; pero en el hotel no hay Internet. Luego miro el móvil, donde sí que encuentro uno: me dicen que pasarán a recogerme sobre las 11, hora del país. Miro mi reloj y son cerca de las nueve; preparo mi cámara, me la cuelgo del cuello y en mi cinturón sujeto mi grabadora. Llaman a la puerta, abro. Aparecen dos hombre que me dicen que les acompañe; lo hago y me introduzco en un largo viaje que dura más de siete horas por penosas carreteras. Cuando llego al campo vuelvo a sorprenderme. Es impresionante, un oasis en medio de la nada, en medio de un enorme desierto; todo está cuidado a la perfección. Las tiendas de campaña son enormes, con capacidad para tres periodistas, pero muy espaciosas, de un tamaño similar al de una pista de tenis y muy altas. Pero las mejores son las de los cascos azules, esas sí que son enormes; hay una en cada esquina y otra en la entrada. Según me dicen, hay un total de 56 soldados y unos 120 periodistas. Todas las tiendas están bien ordenadas, formando calles entre ellas. Además de lo que ya he nombrado, hay tres hospitales de campaña y, por supuesto, multitud de antenas de todos los tipos y tamaños; también hay depósitos de agua, muchos depósitos de agua. Al fondo de la calle central está la tienda más grande; allí es donde nos servirán comida a todos y donde prepararán la misma en un enorme restaurante de tela y plástico.
Al llegar a la puerta del recinto, me atiende un hombre hablándome en inglés. Me comunica que mi habitación es la número veinticinco. Entro en ella y saludo a mis dos compañeros, les pregunto por su lugar de procedencia; uno es argentino y el otro chileno. Agradezco a los organizadores el haberme colocado con dos personas con las que me puedo entender. Al lado de mi cama hay una mesa con varios cajones y apartados, pero no tengo casi nada que organizar. Salgo a dar una vuelta por el campamento. En ese momento, un hombre comienza a hablar en inglés por la megafonía; nos comunica que cada mañana, a las ocho, saldrán varios autobuses con destino a la frontera del conflicto, por así decirlo; luego, por la noche, nos recogerán en el mismo punto. Éste es un nuevo sistema para que los periodistas estemos mas seguros, lo cual es de agradecer. El hombre también nos pide que vayamos a la tienda central, donde se nos dará la cena. Acabo de cenar y me dirijo a mi habitación; llamo a mi familia y, antes de acostarme, estoy un par de horas en el ordenador.
Me despierto por un fuerte sonido, parecido al de una alarma. Salgo fuera. Era, simplemente, para informarnos de que restaba media hora para la salida de los autobuses. Lo preparo todo rápidamente y voy a desayunar. Antes de subir al autobús nos reparten a cada uno un bocadillo y dos botellines de agua para el día. Llegamos a la ciudad después de un viaje de unos treinta minutos. Nos indican el camino hacia la ciudad; todavía tenemos que llegar a ella. Entonces, cada uno se dispersa en busca de su reportaje del día. A la ciudad en la que me encuentro todavía no ha llegado la guerra de una manera directa, es decir, con balas y bombas, pero igualmente el paisaje es desolador: las madres en la calle buscando algo con lo que alimentar a sus hijos, ya que sus maridos están en combate; niños a los que las madres no pueden buscar nada para darles de comer porque no tienen madres, porque éstas han muerto al no recibir tratamiento a las enfermedades que padecían o niños que, simplemente, no están porque han huido a cobijarse en otra ciudad o en otro país para poder mantener unida a la familia. Estos últimos, cuando vuelvan, ya no podrán encontrar sus casas porque allí donde las dejaron ya no estarán.
Recorro un par de calles y decenas de personas me piden algo de alimento; mirando a mi alrededor no puedo ni imaginar cómo estarán las ciudades bombardeadas. Cojo mi cámara y comienzo a sacar instantáneas de todo lo que encuentro, hasta que me canso. Entonces, me como mi bocadillo. La gente se abalanza sobre mí, pidiéndome un cacho; un par de niños intenta arrebatármelo, pero consigo comérmelo, con pena por esos chavales desquiciados. Sigo sacando fotos y fotos, camino por las calles y así hasta la hora de volver a los autobuses. M cuesta bastante deshacer el camino, pero, finalmente, consigo llegar a los vehículos.
En cuanto llegamos al campamento, nos tumbamos en nuestras camas a descansar. Ha sido un día de andar y andar y el cansancio se ha apoderado de nosotros. Ésta es nuestra rutina de un día tras otro, la guerra no termina y tampoco avanza; se han empeñado en destrozar la zona sur del país y, sin duda, lo están consiguiendo. Todos estos días hemos visto pasar aviones y aviones sobre nosotros; aviones que pasan tan rápido como pueden, sabedores de que en el sur tendrán dos opciones: matar o morir. Pero hoy la cosa cambia. El ejército que bloqueaba el avance está siendo derrotado y parte de la ciudad a la que nos desplazábamos todas las mañanas está siendo bombardeada. Esta mañana todo es diferente, muchos periodistas no quieren ni salir de las tiendas del miedo que sienten ahora hacia la cercana muerte; además, los autobuses salen perfectamente escoltados por maquinaria de la ONU.
Al llegar a la ciudad todo está completamente cambiado, ya no hay nadie en las calles y me pregunto si habrá alguien en las casas. A lo largo del día no pasa un minuto en el que no se escuche un disparo lejano, un grito o un bombazo. Ahora, ya al final del día, me dirijo a los autobuses; entonces, escucho un avión que vuela cerca de mí y, poco después, una detonación muy cercana. Veo derrumbarse varias casas a mi lado y salgo corriendo. El avión vuelve con una segunda detonación; esta vez parece que ha alcanzado su objetivo. No logro distinguir qué edificio es, pero el avión se va por donde ha venido.
Me despierto con la cruel noticia: la ciudad está siendo bombardeada por completo. No sé qué hacer. Sé el peligro que corro si me subo a uno de esos autobuses, pero lo hago. En la ciudad, la poca gente que hay se acerca a mí y me pide que me quede con su familia; en estos países mi vida, la de un periodista europeo, vale más que la de los paisanos. Me aseguran que no me faltará de nada, que, si es necesario, dejarán de comer para que a mí no me falte alimento. Por supuesto, en un ataque aéreo no se distingue, moriría como el resto; pero en caso de ser ataque por tierra, al ver mi chaleco con las siglas TV, mi equipamiento o el resto de mi vestimenta, me perdonarían la vida a mí y a los que estuvieran conmigo. Soy testigo del peor espectáculo: un soldado se acerca a un hombre inocente; éste pide que no le haga nada, pero unos segundos después el inocente yace en medio de la calle. Muchas casas están derruidas y entre ellas cuerpos sin vida y cuerpos a los que les queda poca vida. No me atrevo a acercarme a la zona donde se concentran los bombardeos, ya tengo suficiente con ver lo que veo.
Me dirijo ya al campamento en autobús. Los periodistas no paran de comentar las vivencias nefastas de las que han sido testigos, cada uno en su idioma. Entiendo pocos, pero supongo que el resto hablará de lo mismo. Al llegar, nos comunican la noticia: según parece, ambas partes han llegado a un acuerdo; mañana será el último día de esta guerra. Acogemos alegremente la noticia ya que la estancia en este país se nos estaba haciendo ya muy larga.
Me despierto con gran entusiasmo; va a ser mi último día en este trabajo, que nunca más quiero ejercer. Como es lógico, hoy ningún periodista ha quedado sin subir al autobús, exceptuando a los enfermos o heridos. En la ciudad no se ve a nadie ni se escucha a nadie; el paisaje es desolador, todo está derruido. Voy introduciéndome por calles y más calles; algunas familias ya están trabajando en la reconstrucción de sus casas. Sigo caminando y me sorprendo al ver que un centro médico permanece en pie y casi intacto; está abierto. Me adentro en él y veo a personas formando una interminable fila. La fila lleva a una de las salas donde hay un par de médicos de la cruz roja, que supongo se habrán instalado hoy para curar a los enfermos, principalmente, los heridos de bala que abundan tras esta guerra. Parece paradójico que las sillas estén desocupadas; aunque la fila pase por delante de las mismas, la gente no se sienta por miedo a perder la oportunidad de ser curados. Yo sí que me siento, ante la sorpresa de la gentes que allí estaban. De pronto, comienzo a oír un murmullo y veo a la gente mirar hacia la puerta; me pongo en pie y hago lo propio. Veo a un soldado que comienza a hacer fuego contra todos, me tiro detrás de las sillas y soy testigo de la muerte de varias personas; pocos son los que se salvan. Un soldado se acerca a mí, prepara su arma. Creo que ha llegado mi hora; me despido de todo mientras el hombre acciona el arma, señalo mi chaleco, pero, sin importarle, él dispara. Noto un fuerte dolor en mi hombro izquierdo mientras veo al hombre irse corriendo. No sé si he tenido suerte por salvar la vida, pero, desde luego, no podré soportar este dolor mucho más y la perdida de sangre es abundante. Entonces, se siente un fortísimo ruido y todo se viene abajo. Intento salir corriendo, pero no tengo fuerzas ni para levantarme; soy bombardeado por pequeñas piedras y rodeado por enormes bloques del techo. Fuera del local se oyen muchos disparos; sigo doliéndome en el suelo y, entonces, un soldado entra. Es de la ONU, se acerca a mí y me pregunta por mi estado de salud; intento mover mis labios para responderle, pero ya no tengo fuerzas ni para eso.

Alberto Sin, 4º B

"La dama de las rosas", de Zuria Fenton (Primer Premio, Relato, 3º y 4º de ESO)


LA DAMA DE LAS ROSAS


Querido lector, le voy a relatar una historia que aconteció hace mucho, mucho tiempo. Tanto que el recuerdo se ha borrado ya de la memoria del más viejo de nuestros ancianos.
Existía una gran noble, a la que solo se le conocía de oídas, pues nunca se dignaba a salir de los muros protectores de sus jardines. Las historias contaban de ella que era una bruja, una hechicera capaz de hipnotizar al más frío de los hombres con solo una mirada y de matarle después con una tibia sonrisa. Aunque, claro, eso fue ya hace mucho tiempo y la historia quizás no conserve la veracidad de sus comienzos.

Se decía que la agraciada dama poseía en su jardín unas flores extrañas, nunca vistas en ningún otro lugar, aquellas a las que hoy en día hacemos llamar rosas. Aunque éstas poseían de una voz tan bella como sus pétalos aterciopelados, que adormecían a todo hombre que se les acercase con solo entonar una nota de sus suaves melodías cantadas entre susurros.
Aquella hermosa dama cuidaba cada día de ellas; desde la más hermosa hasta la más débil había pasado por sus cariñosas manos. En su esplendoroso jardín, con los altos muros de piedra que producían un gran efecto sonoro en el interior de éste, donde los murmullos de las rosas colmaban el aire.
Entre cada rosal se podían encontrar a aquellos valerosos hombres que habían quedado prendados de la belleza de aquella noble, desperdigados y adormecidos por las flores. Mientras los sueños, enmarañados como la hiedra que trepaba codiciosa por las paredes del gran caserío, se les escurrían por los recovecos del cerebro.
Cada mañana ella se levantaba temprano para cantar con sus rosas. Y éstas, agradecidas, se dejaban mimar por sus caricias y por el agua con la que las rociaba. Se podía vislumbrar en el rostro de la joven dama una sonrisa de pícara inocencia cada vez que se encontraba a un hombre nuevo en su jardín y se agachaba junto a su cabeza dormida para susurrarle al oído aquellas palabras que toda persona, sin siquiera necesitar conocerlas, habría deseado oír.
Y como un ritual bien aprendido a lo largo de los años, volvía a erguirse sobre sus piernas y regaba el rostro de aquel hombre, que no podría expresar mayor felicidad. El agua caía, y mientras las gotas chocaban contra su piel, ésta desaparecía poco a poco, tornándose lentamente en tiernos tallos de prometedor futuro junto a todos los demás rosales que el jardín albergaba.
Las rosas adoraban a la hermosa dama y, si bien la protegían de todo hombre que se le acercaba, ni siquiera la dejaban salir del recinto. La tenían secuestrada entre aquellos muros. Muchas veces había intentado escapar y todas ellas había fracasado. Sus amantes también eran, al mismo tiempo, sus carceleras. Y ella simplemente era una prisionera, condenada a cuidarlas hasta el fin de sus días. Incontables ocasiones habían sido las que maldecía su inteligencia, y el día en el que se le ocurrió convertir al hombre en algo más bello.
Todo hombre que osaba asomar la nariz por encima del gran muro de piedra quedaba terriblemente enamorado de sus gráciles andares, de sus ojos del color de la hierba fresca y de aquellos cabellos largos y rojizos que caían como cascadas de fuego sobre sus hombros y su espalda, y que con solo una pequeña ráfaga de viento en su favor hipnotizaban al espectador. Sus mujeres veían cómo uno tras otro terminaban cayendo en la enrevesada trampa de amor de aquella mujer misteriosa. Y uno tras otro acababan, así mismo, desperdigados entre los rosales de aquel inmenso jardín, del que ninguna sabía muy bien cómo terminaban por desaparecer al día siguiente sin dejar rastro alguno. Desesperadas por los hechos, decidieron unir fuerzas en una alianza de coraje y venganza, contra aquella bella dama.
Así pues, una noche entraron sigilosas saltando los grandes muros de piedra y cruzaron el inmenso jardín de flores dormidas, arropadas por la oscuridad que les rodeaba hasta llegar a la gran casa, que se alzaba majestuosa por encima de sus cabezas, como retándolas a sumergirse en sus entrañas. Un escalofrió recorrió la espalda de cada una de ellas, palpando la tensión que les acontecía en un momento como aquel.
Dentro la oscuridad era más densa aún que la que reinaba en el exterior y necesitaron unos cuantos segundos para adaptarse a tamaña penumbra. Las sombras parecían aparecer y desaparecer por doquier como almas en pena e incitaban al cerebro a imaginarse las peores circunstancias. El terror no parecía querer dejar de aumentar en las pobres cabecitas de aquellas aldeanas mientras intentaban encontrar los aposentos de la bella dama.
Toparon pues con la puerta al final de un largo pasillo, en el que la negrura acabó por engullir las pocas formas que lograban distinguir en el gran caserón. Sin embargo, al girar la manilla de aquella gran puerta oscura y abrirla en silencio se encontraron al otro lado con la tenue luz de una vela encendida, escasa, pero suficiente en comparación con el resto de la casa.
La joven dama se encontraba tendida en su gran cama de sábanas rojas y mantas aterciopeladas.
Si acaso de día su rostro resultaba ser seductor y poseía una belleza arrebatadora, de noche tales dotes desaparecían, siendo sustituidas por una cara angelical y un ligero rubor en las mejillas.
Nada de eso logró ablandar los despedazados corazones de las desdichadas viudas. La sujetaron de manos y piernas entre todas, aprovechando la debilidad de la que padecía en esa situación.
La dama se despertó de una sacudida sin entender demasiado bien las circunstancias que la rodeaban, sin acabar de comprender el porqué de las miradas de odio y furia que la fusilaban en todas direcciones. Suplicante, intentó pedir ayuda sin encontrar nadie pues todos aquellos valerosos caballeros, que habrían acudido gustosamente en su ayuda, se encontraban enredados en sus propias espinas, incapaces de socorrerla. Así pues llegó el fin de la dama de las rosas, cuyo único pecado fue el querer convertir al hombre en algo más bello.
Una joven de cabellos dorados y mirada helada, sustrajo de sus enaguas una elaborada daga de plata y, sin despegar sus ojos de los de la suplicante noble, se sentó de rodillas en su abdomen y, con la rapidez de la maestría, le hundió la daga en el corazón, derramando sangre caliente por la cama.
La noble, desesperada, intentó detenerla en un amago de supervivencia, ansiando librarse del dolor y la angustia que inundaban su pecho. Intentó gritar, pero no salió sonido alguno de su garganta. Sin embargo, todo intento de aferrarse a la vida fue en vano pues las corroídas mujeres que la rodeaban no mostraron en ningún momento el más mínimo ápice de compasión por su parte, ni el más mínimo rastro de duda en sus actos.
Así fue como la más hermosa de las rosas se marchitó en su último suspiro.
Habiendo muerto la dama junto con su último latido ahogado en sangre, las mujeres iniciaron satisfechas la huida de aquella mansión de la pesadilla, corriendo cada vez más deprisa por el sentimiento de congoja que las iba corroyendo por dentro. Cruzaron sigilosas los grandes jardines en penumbra y volvieron a saltar el muro que les separaba del mundo real, aquel al que pertenecían.
Mientras tanto, las rosas seguían dormidas, sin tener ni la más mínima idea de lo que había sucedido en el interior de aquellos muros.
Al día siguiente éstas empezaron a notar que algo fallaba; ningún silbido alegre en la lejanía, el silencio reinaba en el edificio de roca y hiedra… y su señora no aparecía por ninguna parte.
Al fin las flores comprendieron que aquella a la que tanto adoraban y por la que habían entregado su vida humana no volvería jamás a rociarlas con su regadera de agua fresca por las mañanas, ni a acompañarlas con sus cantares de soprano, ni acariciaría de nuevo sus verdes tallos con la yema de los dedos.
Al comprenderlo las rosas se sumieron en la más honda de las depresiones con el corazón roto en miles de pedazos, tan pequeños como las partículas de polen guardadas en su interior. Y lloraron, lloraron día y noche, hasta volver locas a las viudas del condado; y siguieron llorando, derramando lágrimas de rocío por sus pétalos aterciopelados, hasta que los días de frío llegaron, marchitando sus delicados pétalos.
Entonces, al verse mudas por la llegada del invierno, prometieron en honor a su difunta dama no volver a regalar sus canciones a ningún oído humano. Juraron también que no se volverían a dejar acariciar, pues ninguna otra mano merecía el derecho de tocar lo que la bella noble se había pasado tantos atardeceres acariciando, protegiendo sus débiles cuerpos verdosos con escudos punzantes en forma de espinas, que advierten al curioso de que no es bien recibido entre los rosales. Éste es el luto que ellas se habían impuesto para con su bella dama, la dama de las rosas.

Aunque ésta solo sea una historia conservada a través de las generaciones por el boca a boca de juglares y campesinos, amigo mío, si sigues leyendo mi relato querrá decir que al final resultaste ser tan curioso como me imaginaba; y, si estoy en lo cierto, quizás esta curiosidad te complazca.
A veces, en las oscuras noches tibias de finales de verano, cuando la lluvia amenaza con ceder sobre los prados, si te mantienes a cierta distancia de los rosales y procuras que no se den cuenta de tu presencia, puede que, entonces y solo entonces, puedas escuchar los llantos lastimeros de las rosas, aún tristes por la marcha de su hermosa noble, entonando una canción al viento, tan bella como los atardeceres primaverales o la danza de las luciérnagas en las noches de luna nueva.
Aunque te advierto que tengas cuidado, querido lector, no sea que caigas en la dulce tentación de cerrar los ojos, adormecido por su dulce canción de cuna, pues entonces puede que te atrapen en su eterno juego de pesadillas entrelazadas… y jamás puedas volver a despertar.

Zuria Fenton, 4º A

"Ansias de venganza" de Zuria Fenton (Primer Premio, "Poesía", 3º y 4º de ESO)


ANSIAS DE VENGANZA

Deja que las mentiras
corroan tus entrañas.

Deja que los recuerdos
se borren de tu alma.

Deja que desaparezca
hasta la última pizca de piedad
en tu conciencia.

Y mátalos,
mátalos a todos.

Termina con el sufrimiento
que te atrapó durante años.

Ahorca las súplicas,
asfixia los llantos.

No escuches sus palabras de perdón,
no escuches sus alaridos
ni sus lágrimas desbordadas.

Satisface únicamente
tu sed de venganza.

Y cuando hayas terminado
con la última pizca de tu pasado,
con el último ápice de cólera
residente en tu alma.

Entonces, sigue hacia adelante,
caminando,
arrasando con todo lo que te encuentres a tu paso.

Hasta que la muerte te traiga la felicidad
y veas tus objetivos cumplidos.

Hasta que tu corazón cante con su último latido
y te hundas en aquella oscura profundidad
de la que nunca debiste haber salido.

Aunque esta vez ya no estés solo,
pues aquellos amigos que nunca tuviste,
aquellas personas que nunca te amaron,
todos aquellos a los que arrastraste en vida
hacia tu propia tumba,

te esperarán en la muerte para compartir tu soledad.


Zuria Fenton, 4º A

Premios del XII Concurso Literario del IES "Baltasar Gracián"

Hace unos días, como ya sabréis, se hicieron públicos los premios del XII Concurso Literario de nuestro Instituto, que este año ha registrado una participación record tanto en lo tocante a la cantidad (16 textos presentados) como a la calidad (que ha hecho difícil determinar algunos premios, haciendo que en algunos casos se haya decidido concederlos ex aequo). Los hacemos públicos también aquí, para darles la máxima difusión, felicitando a todos los participantes y, muy en especial, a los premiados y avisando que la entrega tendrá lugar durante el Acto de despedida de los compañeros de 2º de Bachillerato, que tendrá lugar en el Instituto el próximo día 23 de junio a las 12:30 horas.
Os avisamos también de que iremos publicando los textos premiados, como prometimos, en sucesivas entradas en el orden en que vayamos recibiendo los textos en formato digital (por favor, los premiados haced llegar a alguno de los profesores del Departamento de Lengua Castellana y Literatura los documentos para facilitar la tarea).

RELACIÓN DE PREMIADOS

1º Y 2º DE ESO

Categoría "Relato"

Primer premio (ex aequo)
Una dulce amistad, de Ángela Serena
Un buen amigo, de Mario Sin

Segundo premio
Caminando hacia la esmeralda, de Jesús Coscolla

Categoría "Poesía"

Primer premio
Beso, de Melanie del Pino

Segundo premio (ex aequo)
Mi jardín, de Mario Sin
La pérdida de la esperanza, de Francis Frain

...

3º Y 4º DE ESO

Categoría "Relato"

Primer premio
La dama de las rosas, de Zuria Fenton

Segundo premio
Crónica, de Alberto Sin

Categoría "Poesía"

Primer premio (ex aequo)
El barrio chino, de Jessica Frain
Ansias de venganza, de Zuria Fenton

...

BACHILLERATO

Categoría "Relato"

Primer premio
El final de una nana, de Andrea Subirá

Segundo premio
El monte de las ánimas, de Jorge Franco

Categoría "Poesía"

Primer premio
La historia de dos amantes, de Julia Martínez

Segundo premio
Poesía a Selene, de Joshua Pelegay

jueves 19 de marzo de 2009

Convocado el XII Concurso Literario del IES "Baltasar Gracián" de Graus

Ya ha pasado un año y desde el Departamento de Lengua Castellana y Literatura (con la colaboración de la AMYPA del Centro) volvemos a convocar nuestro ya clásico Concurso Literario, en este caso la XII edición, cuyas bases reproducimos a continuación.
No dejéis de participar: los textos premiados, aparecerán publicados en este mismo blog.

  1. En el concurso podrán participar todos los alumnos matriculados en el centro.


  2. Habrá dos apartados con sus correspondientes premios: uno de narrativa en prosa y otro de poesía.


  3. Los textos narrativos en prosa no podrán exceder de cinco folios, escritos a ordenador a doble espacio y por una sola cara.


  4. Los textos de poesía no excederán los setenta versos. Podrán escribirse varios poemas sobre un mismo tema.


  5. Los originales deberán ser presentados por triplicado y bajo pseudónimo o lema y dentro de un sobre grande que se entregará en la conserjería del instituto.


  6. En el exterior de dicho sobre figurará el título del trabajo (relato o poesía), el pseudónimo o lema y el curso y grupo al que pertenece el concursante.


  7. En el interior del sobre grande deberá ir otro sobre pequeño cerrado en el que aparecerán los datos del concursante: nombre y apellidos, domicilio, teléfono y curso y grupo al que pertenece.


  8. El plazo de presentación de originales finalizará el próximo día 30 de abril.


  9. Habrá un apartado en ribagorzano, en cualquiera de sus variantes locales, al que podrán presentarse trabajos tanto en prosa como en verso y que tendrá sus propios premios.


  10. El fallo del jurado se hará público a finales de mayo. La entrega de premios se efectuará a final de curso.


  11. Los premios podrán declararse desiertos si el jurado lo estima oportuno.


  12. Las obras premiadas quedarán a disposición del centro, que se reserva el derecho de publicarlas. Las que no resulten premiadas no serán devueltas.

lunes 26 de enero de 2009

Convocado el concurso literario "Condau de Ribagorza"

En el siguiente enlace, podéis informaros acerca de las bases del concurso literario "Condau de Ribagorza", convocado por los ayuntamientos de Fonz, Estadilla y Graus, y que premia los mejores textos en aragonés bajorribagorzano en las modalidades de poesía y narrativa.
Animaos a participar.

Charla de Severino Pallaruelo en el IES "Baltasar Garcián" de Graus (jueves, 22 de enero)


Como ya sabéis, el pasado jueves 22 de enero, de las 11,45 a las 13 horas, estuvo con nosotros, dentro del ciclo de "Encuentros con autores", el escritor aragonés Severino Pallaruelo, que dio una charla sobre su obra y su labor de escritor a los alumnos de 4º de ESO, que previamente habían leído su novela Guali junto con algunos de sus cuentos, en este caso, de su libro Pirineos, tristes montes.

El encuentro se desarrolló en un ambiente magnífico, del que queremos destacar la buena disposición y el interés mostrado por los alumnos y la cercanía y generosidad de Severino Pallaruelo, que respondió a todas sus preguntas, incluyendo una entrevista que realizó para el programa de Radio Ribagorza en el que colaboran Alberto Sin, David Enjuanes y Javier Frégola, quienes aparecen junto a Severino Pallaruelo en la foto que encabeza esta entrada.

jueves 1 de enero de 2009

Mª José Domingo Garzarán, de Teruel, gana el concurso cientoCINCUENTA con su microrrelato "Los raros"

Éste es el texto que ha obtenido el primer premio en el concurso que os anunciábamos en la anterior entrada y que podéis ver también en la web del Espacio Pirineos junto con el resto de microrrelatos que se presentaron al concurso:

Los raros
Los raros no somos tomados demasiado en serio. Cuando hablamos con alguien, éste olvida la idea que hemos contado con facilidad porque viene de nosotros. Al final, nuestra única salida es escribir cosas en papeles blancos. Ellos no se defienden, y guardan con celo las tintas y las ideas. Ayer me comprendieron. Y me hicieron llegar un sobre donde me desterraban a un lugar en el mapa llamado Graus. Los sitios físicos se parecen a los paisajes mentales. Seguiré escribiendo. Un día mis palabras servirán para que otros las escriban. Los sujetos raros dependen de los tiempos. No todos tuvieron el que merecían, y muchos no acertaron a lograrlo.

Mª José Domingo Garzarán

jueves 4 de diciembre de 2008

Convocado el concurso de microrrelatos "CIENTOCINcuenta"

En el marco del programa "Ya puez contá / Ya puedes contar" y dentro de los actos de celebración del 350 aniversario de la muerte de Baltasar Gracián, el Ayuntamiento de Graus, a través de su Comisión de Cultura / Espacio Pirineos, ha convocado el concurso de microcuentos "CIENTOCINcuenta".
Podéis encontrar toda la información, tanto de este concurso como del resto de actos del programa en la web del Espacio Pirineos. No obstante, con respecto al concurso, para animaros a participar, os exponemos a continuación las bases para la edición de este año:

  • Ciento cincuenta palabras como máximo
  • Debe aparecer en el cuento todo o parte de un aforismo de Baltasar Gracián (la web del Espacio Pirineos incluye una selección de estos aforismos)
  • Ciento cincuenta euros de premio al mejor cuento
  • Cada autor podrá presentar un máximo de tres cuentos (responsabilizándose de que sean originales, inéditos y no premiados en otro concurso)
  • Los cuentos pueden presentarse en castellano o en aragonés ribagorzano
  • Los cuentos se enviarán por mail a culturagraus@aragon.es antes de las 21 horas del domingo 21 de diciembre de 2008, acompañados de título, nombre y apellidos del autor, NIF, teléfono y domicilio del autor
  • El jurado estará compuesto por miembros de la Comisión de Cultura del Ayuntamiento de Graus y uno o varios especialistas en la materia
  • El cuento ganador servirá también, al Servicio Municipal de Cultura, como saludo electrónico del dos mil nueve y se publicará en el Clarión de febrero

lunes 17 de noviembre de 2008

Relucía el sol de mediodía, un domingo de verano; me encontraba con la vista perdida en el horizonte, donde terminaba la tierra humana y empezaba la de los sueños.

A través de mi ventana dejaba revolotear mis cabellos al viento como si de flores silvestres u hojas de otoño se trataran. Últimamente, se acercaba mucho el viento a los callejones de mi pueblo, se podía oler en él aires de cambio, de cosas nuevas.

Me preparé y sin más salté al vacío desde el marco de la ventana en la que me encontraba sentada, amortiguando la caída con una gran almohada que llevaba de polizón en la mochila. Segundos después ya corría colina abajo adentrándome en los sombríos y fríos bosques que amenazaban los confines de mi seguro pueblo.

Cuando quise mirar atrás, ya solo vi malezas y verdes entrelazados por los que de vez en cuando se dejaba ver un rayo de sol escurridizo o una gota de rocío que se había quedado congelada ahí, seguramente desde estaciones pasadas. ¿Y yo? Yo seguía corriendo, oliendo cada aroma que emanaba de los sauces y de las rocas colindantes. Tropezándome quizás, de vez en cuando, con las raíces de algún árbol centenario o algunas piedras dispuestas en el sitio preciso  para entorpecer mi camino.

En algún momento de mi carrera contra la vida y el tiempo alcé la vista; había llegado a mi destino. Las aguas cristalinas de mi poza secreta, con la que soñaba todas las noches y a la que acudía cada día, parecían un baño de plata al reflejo del sol que se filtraba desde las copas de los pinos inclinados. Su melodía me llamaba como cada día con ese baile de luces y el balbuceo de sus pequeñas cascadas.

No lo pensé dos veces. Desnudé mi cuerpo sin vergüenza ni timidez, a sabiendas de que nadie rondaba por esos paramos alejados de la sociedad, y dejé mis prendas en una de las pocas rocas secas cercanas a la charca. Dudé un momento, quieta, observando mi reflejo un momento; sabía a dónde iba y qué era lo que hacía, y me sumergí de un salto grácil y rápido, alzando el cuello, como si de un cisne se tratara.

Aguanté la respiración y buceé por los estrechos túneles que el agua había erosionado en la montaña, llegando al fin a mi destino y apoyándome en la roca para recuperar el aliento. Observé un segundo la pequeña cueva que ya me sabía de memoria, intentando acaparar cada detalle alrededor del fino espejo en el cual me encontraba sumergida.

Brillaban cientos y cientos de cristales y gemas preciosas, que al contacto con los escasos rayos de sol, que se escapaban por las grietas que los años habían creado en sus gruesas paredes de piedra, hacían del recinto un santuario de luz y de color que dejaría con la boca abierta hasta al más serio de los grises abogados.

Mientras paseaba mi mirada por el escondite de paredes rocosas, te encontré a ti, que me observabas, intentando desaparecer entre las sombras. Tú, mi fiel subconsciente, mi remordimiento constante. Tú, por el que velo día y noche… y en quien no puedo dejar de pensar ni un instante. Tú, mi alma querida, a la que dejaba ahí cada noche y a la que volvía a recoger cada día.

Aunque nunca me lo dijiste, yo sé que cada vez estabas más perdida. Un día desapareciste, sin decirme adiós siquiera y rompiéndome en pedazos. Pero yo sigo yendo a la cueva sin dejar de pensar en volver a verte, con la esperanza de que vuelvas… con la esperanza de que mi alma aún siga viva.

Cuando alcé la vista, el sol se estaba apagando ya en el horizonte y el viento tímido y suave de mediodía se había convertido en una fría ventisca. Suspiré profundamente intentando captar los olores del exterior. Cerré la ventana y bajé a cenar.


Zuria Fenton Pagola

 

 

lunes 10 de noviembre de 2008

CONCURSO: LOGOTIPO DEL IES "BALTASAR GRACIÁN"

martes 28 de octubre de 2008

La biblioteca

La ciudad de Los Ángeles, bonita, ¿verdad? Pues más bonito era el parque de la Biblioteca.
Un día estábamos unos cuantos amigos en ese parque cuando, de repente, oímos cómo emopezaba a tronar y nublarse el cielo. Minutos después empezó a llover y a granizar al mismo tiempo y tuvimos que cruzar corriendo la calle hasta llegar a la Biblioteca.
Cuando nos refugiamos en el portón, llamamos al timbre. Poco después una señora de aproximadamente ochenta años nos abrió y nos dejó pasar. Era una mujer extraña, pero muy amable; nos sacó galletas, chocolate caliente y ropa seca; pero, ¿de dónde lo había sacado?, ¡era una biblioteca!
Después de estar media hora sentados en los sofás del recibidor, decidimos ir a ver los libros que había y tras dar unas vueltas encontramos una puerta que tenía un cartel en el que ponía: "¡NO PASAR, MORIRÁS SEGURO!"
Leímos el cartel, pero cogimos la llave que estaba colgada a su lado. Muertos de miedo la introdujimos en la cerradura. Se abrió. Y de repente un viento muy fuerte se tragó a mis amigos.

Gisela Peralta

Un nuevo curso: seguimos en la brecha

Quizá debiéramos cambiar el texto de presentación de esta bitácora pues son muchos los cambios que se han producido en este nuevo curso 2008-2009, sobre todo en relación con las personas que ya no están con nosotros; sin embargo, en atención a los que iniciamos esta andadura, mantendremos esa presentación en la que aparecen los nombres de los que el curso pasado hicimos posible este medio de comunicación, y muy especialmente el de Merche, que ha tenido que dejarnos (y no por gusto) para trabajar este año con nuestros compañeros del IES "Hermanos Argensola" de Barbastro. Desde aquí vaya para ella nuestro abrazo electrónico-virtual.
No obstante, con este mensaje inicial, queremos señalar algunos cambios importantes que, en breve, iréis notando los que entréis en el blog. El primero y fundamental es la extensión del Taller de Lengua a 2º de ESO, lo que, en principio, aumenta el número de los que componemos este grupo, encabezado este año por Eugenia, que imparte el Taller de 1º y por un servidor, Carlos, que sigue con la labor en 2º.
También nos hemos planteado abrir nuestro espacio a todos los alumnos del Centro, de manera que pueda servir para difundir los textos producidos en cualquiera de las asignaturas impartidas en él, aunque, lógicamente, con especial protagonismo para aquéllas en las que, como en Taller de Lengua o en Lengua Castellana y Literatura, trabajamos con especial interés e intensidad con la escritura creativa.
No obstante, y para que conste en acta, aquí va la invitación a todos los que queráis difundir vuestros escritos, para que no se queden dormidos en una carpeta o en un cajón. Para que no sean silencio, sino palabra que va de boca en boca.

miércoles 11 de junio de 2008

Luna aclamada

Luna aclamada,
que yacías en mi interior,
escucha mi llamada
que pronuncio con temor.

Bendita luna aclamada,
que haces de mí una mujer libre.
Bendita luna aclamada,
que entiendo lo que escribe.

Luna aclamada,
la trataré siempre de usted.
Porque luna aclamada
me enseñó a querer.

Del hoy y del mañana,
querida luna aclamada,
nunca te olvidaré,
porque yo te entrego todo mi querer.

Miriam Álvarez

Lo que quise

Quise contar
toda realidad
que escuchaba.

Quise bailar
con toda humildad
sin ser bailada.

Quise cerrar
toda soledad
que me acechaba.

Pero no pude imaginar
quién de verdad
a mí me amaba.

Quise soñar
con toda infinidad
a quien yo gustaba.

Quise sonreír
toda felicidad
que él me daba.

No quise prohibir
toda inseguridad
que me mostraba.

Pero no podía permitir
la igualdad
de amor, que yo le daba.

Miriam Álvarez

Leyenda de Barón

Caminaban sobre las hojas, que no hacía mucho se habían desprendido de aquellos árboles, escuchaban el píar de las aves y el manar del agua en alguna fuente cercana, mantenían paso firme, sin destino alguno, simplemente con la intención de contemplar aquel monte; lo habían recorrido cientos y cientos de veces, pero todavía no habían descubierto todo su esplendor. El suelo todavía estaba húmedo y esperaba con ansia la primera nevada del ya cercano invierno. De aquel monte se habían contado miles de historias y era objeto de alguna que otra leyenda. Estaba cubierto casi por completo de pinares y en sus laderas se asentaban un par de pueblos. Hacía unos cuantos años se podía ver una vía romana, pero por aquél entonces había sido transformada en un cortafuegos. También se había construido una pista de grava, que al ser contemplada, la vista dañaba. En él, habitaban más de un centenar de especies distintas de animales. Por él transcurrían varios riachuelos, que en un gran río desembocaban.
Seguían con su paseo, divisando a lo lejos, una manada de jabalíes bebiendo en una pequeña balsa. Anduvieron durante más de una hora, conversando sobre aquel monte, hasta que uno de ellos resbaló sobre una roca y cayó a un precipicio, su caída fue amortiguada por unos arbustos, consiguió reponerse y vio a lo alto a su compañero, preguntándole si había sufrido daño alguno. Se logró poner en pie y su amigo bajó en su ayuda, decidieron regresar a su casa, y nada más emprender el camino de vuelta, Jaime vio en el suelo una piedra algo rara, la limpió y tras apartar la tierra que lo cubría comprobó que era un escudo, en él había escrito un lema, o eso supusieron, en un idioma que ellos desconocían. Cerca pudieron localizar un muro de piedra, derrumbado casi por completo, rodeado por una impresionante cascada, que nunca antes habían contemplado. Dentro de ese muro había una explanada perfectamente cubierta por losas, comprendieron que aquello no lo había hecho la naturaleza. Caminaron un poco por la zona, intentando localizar algún material o algo que les pudiese indicar lo que era aquello. Poco tiempo después ambos localizaron una figura que se movía entre los árboles. Se escondieron tras un montículo de piedras. La figura salió de entre los pinos y se dirigió hacia la explanada. Pudieron comprobar que era un hombre que llevaba una larga melena y barba. Les sorprendió su altura, pues debía superar los dos metros, además era bastante robusto. Iba vestido con un traje negro y una camisa blanca. Llevaba unos guantes de goma blancos en las manos y unos zapatos de color verdoso. Portaba en su mano derecha un palo lo suficiente mente largo como para apoyarse sobre él al andar. En su mano izquierda sostenía un sombrero negro. El hombre se sentó sobre el muro de piedra, de espaldas a Jaime y Patricio. Sacó del bolsillo derecho de su pantalón un puro y empezó a fumar. Por su aspecto parecía que llevaba varios días sin asearse y otros tantos sin cambiarse de vestimenta. Permaneció sentado en aquel lugar durante bastante tiempo, así que Jaime y su compañero decidieron dar un rodeo para pasar desapercibidos y regresar al camino que les devolvería a su lugar de origen. Caminaron en dirección contraria, a dicho camino, un buen trecho, hasta que escucharon algunas voces cercanas, comprobaron de donde venían, se acercaron y su sorpresa fue mayúscula, había un pequeño poblado, constituido por cabañas fabricadas a base de palos y arcilla o algo similar. Se sorprendieron aún más cuando vieron a sus habitantes, hablaban un idioma que nunca antes habían oído, la mayoría iban vestidos con prendas de lana que probablemente hubiese confeccionado ellos mismo, pero dos o tres de ellos portaban atuendos normares, estos además llevaban un sombrero similar al que llevaba el hombre anterior. Las personas iban y venían de un lado para otro, hablaban entre sí y se intercambiaban alimentos. Esto le hizo recordar a Jaime una leyenda que se contaba sobre aquel monte, según la cual en él habitaba una tribu apartada desde sus orígenes de la sociedad, compuesta por humanos y todos que desconocían el mundo exterior, a excepción de un pequeño grupo que eran los Jufenviatus, los encargados de salir al mundo y hacer lo que se les encargarse, comprar o cosas similares. La tribu se concentraba en una aldea que estaba vigilada por los Guardianes de las cascadas, encargados de que nadie se acercase a la aldea sin el consentimiento previo de sus habitantes. Estos "guardianes", al parecer, habitaban en cuevas construidas detrás de unas cascadas, que abundaban en aquel monte. Esta leyenda circulaba de boca en boca, como otras tantas, pero parecía ser una realidad.
Todavía estaban haciéndose decenas de preguntas sobre aquello y entonces uno de ellos tuvo la mala suerte de pisar una piedra que se desprendió sobre una roca, produciendo un grave sonido. Se dispusieron huir, pero se vieron rodeados por dos personajes que les llevaron a la aldea. Los cerraron en una de las cabañas y minutos después entró en ella uno de los hombres que vestía con distinta vestimenta. Les preguntó que hacían allí, quienes eran etc. Después les afirmó que la leyenda era cierta, que desde sus orígenes, allá por el siglo octavo, tras disputas entre pueblos cercanos, habían intentado vivir lo más al margen posible y que para ello nombraban Jufenviadus, como él, que eran los que llevaban ropas distintas, que dirigían al pueblo y tomaban decisiones, que salían al mundo exterior y que sabían hablar otras lenguas. Les pidió que no dijesen nunca lo que había visto aquel día y además que intentasen desmentir esa versión de la verdadera leyenda en la que se decía que acababan con todo aquel que se acercase a sus tierras. Dicho esto los liberó y los dejó marchar en dirección a su pueblo, se despidieron y todavía con el susto en el cuerpo partieron.
Hablaban sobre aquella aventura inesperada y sobre algo que todavía no comprendían, ¿cómo pudo estar tanto tiempo esa aldea sin ser descubierta?, estaba cerca de un pueblo y se ubicaba en un coto de caza muy transitado. Prosiguieron con su camino, todavía con aquella duda, llegaron a la pista que les conduciría a su lugar de origen, pero en ese mismo momento salieron de entre los árboles unas personas, entre ellos estaba el hombre que les había dejado marchar de la aldea. Los hombres se abalanzaron sobre ellos los amordazaron, les vedaron los ojos y les llevaron a algún lugar de aquel monte. Cuando les sacaron las vendas y recuperaron la visión, estaban en una sala oscura. Ellos supusieron que serían unas mazmorras, pues el suelo estaba cubierto de paja y del techo colgaban unas telas que cubrían las paredes, en el centro del techo había un tragaluz, tapado por un plástico en la parte superior, por él entraba un poco de luz, pero era tan escasa que solo el tacto les podía decir como eran el techo o las paredes. Permanecieron allí varias horas, quizá días enteros, quien sabe, el hambre y la sed se habían empezado a apoderar de ellos. Entró alguien en la sala, cogió al compañero de Jaime y se lo llevó, dejando la puerta entreabierta, probablemente pronto volverían a por él. Fuera se escuchaban algunas voces. Cuando aquel individuo había entrado, pudieron ver que la puerta llevaba directamente al bosque. De pronto comenzaron a oírse más y más voces, posteriormente se escuchó un motor que arrancaba y le siguieron varios más, finalmente el sonido de los motores se perdió en la lejanía. Pasaron varios minutos hasta que Jaime decidió salir, ya no se escuchaban voces. Bajó unas escaleras que se ubicaban tras la puerta, descubriendo que el lugar donde habían estado todo este tiempo era un enorme camión. Divisó a un hombre tumbado sobre una hamaca y detrás de él un par de furgonetas. Jaime comenzó a correr escuchando como el individuo avisó a más personas, en un perfecto castellano. Jaime ya no entendía nada, siguió corriendo y tras él una veintena de hombres. Les separaban apenas un centenar de metros. Jaime escuchaba disparos, cada vez más cercanos, no tenía valor para mirar hacia atrás y el cansancio ya lo comenzaba a notar, el miedo no le dejaba pensar en esconderse, pero le hacía ser más veloz que aquellos hombres. Escuchó a uno de ellos decir que volviesen. Acto seguido todos cambiaron el rumbo y abandonaron la persecución. Jaime siguió corriendo, podía ser una trampa, todavía se oían algunos disparos lejanos. Jaime logró llegar a su pueblo y, una vez repuesto, dio el aviso, de inmediato. Todos comenzaron la búsqueda y en unas horas, la Guardia Civil había tomado aquel monte. Varios helicópteros vigilaban desde el aire y más de un centenar de personas se habían sumado ya a la búsqueda. No localizaban a Patricio y ya habían recorrido el monte varias veces. Aquel hombre que vieron en la cascada, fue detenido y posteriormente puesto en libertad, pues resultó ser un transeúnte que nada tenía que ver con la supuesta tribu y que habitaba en aquel precioso lugar que resultó ser unas ruinas romanas. En la aldea ya no había nada ni nadie y los camiones tampoco aparecieron. En el tercer día de búsqueda localizaron una explotación de petróleo, cercana a la aldea. Hacía bastante tiempo, más de un siglo, que los habitantes de las aldeas cercanas a aquel monte habían firmado un tratado, mediante el cuál las ganancias que pudiese dar aquel monte serían repartidas a partes iguales para los pueblos cercanos, pero ninguno de ellos había autorizado aquella explotación. Casi un mes después apareció Patricio, había sido liberado en las cercanías de Almería a cientos de kilómetros de aquel monte. Contó todo lo que había vivido en aquel largo tiempo, dijo que había estado en una furgoneta bastante vieja, que había recorrido cientos de kilómetros y que había sido abandonado en un frondoso bosque, contó que cada día le daban pan y agua, justo para sobrevivir. Aquello que dijo de la furgoneta le hizo recordar a Jaime las que había visto al huir, recordó la matrícula de una de ellas, pero resultó ser falsa y no pudo ser localizada. Se investigó durante bastante tiempo, hasta que aquel caso fue resuelto. Al parecer, una de las empresas petrolíferas más importantes había localizado un yacimiento de dicha sustancia en aquel monte, descubrieron que las ganancias del mismo debían ser repartidas entre los pueblos, por lo tanto se pusieron a trabajar sin autorización alguna, descubrieron una leyenda que contaban sobre él y decidieron utilizarla. Construyeron unas cabañas, pero vivían en camiones y caravanas ubicadas a escasos kilómetros de la nueva aldea, junto al pozo de petróleo. Tenían instaladas varias cámaras entre los árboles y con ellas pudieron ver cuando se acercaban lo dos excursionistas, entonces se dirigieron a la aldea, se cambiaron de vestimentas y comenzaron a producir sonidos para simular un idioma desconocido. Capturaron a los aventureros, con el fin de lograr que no dijeran nada a nadie y así no ser investigados. Les liberaron después de varias mentiras que podían ser creíbles, pero decidieron volver a retenerlos, hasta que terminasen con sus trabajos en el yacimiento, pero todo se les complicó con la huída de Jaime. Ante la posibilidad de ser descubiertos se fueron del lugar y en caso de ser localizados en el viaje de regreso, utilizarían al otro excursionista para librarse. Pero la realidad fue que nunca se supo nada de aquellas personas.
Alberto Sin

Oda al agua

Deprisa baja el río,
oro de cumbres nevadas
arrastra.

Vida para la huerta,
necesidad para la boca,
escasa.

Eres de todos
y de ninguno,
te escapas.

Zancadillas te ponen,
luz de las tinieblas,
cara.

La nueva ingeniería
nuevos caminos
prepara.

Recuerdo a los romanos:
acueductos, canales, puertos
creaban.

A los pueblos
inmensa riqueza
dabas.

Y si a tu lado
no había pueblo,
se creaba.

Especulación, mal uso,
suciedad, contaminación,
eres pagada.

Negro futuro,
nubarrones de guerra
acaparas.

¿Qué será de ti?,
sin oro las cumbres
nevadas.

¿Qué habrá de progreso?
¿Cómo será la nueva
mañana?

¿Seremos capaces
por una sola vez?
¡Valoradla!

Crear un futuro limpio,
adaptarnos a su libertad.
Aceptarla.

Agua para el campo,
agua para la urbe,
aprovechadla.

No es de nadie
y todos debemos
pagarla.

Solidaridad, consenso,
justicia y sobre todo
palabra.

Alberto Sin

Jorge, te quiero mucho

Primero me voy a presentar; me llamo Marga y os voy a contar lo que me ocurrió en un periodo de mi vida.
Todo empezó un mes de agosto en el que yo empezaba a salir con un chico llamado Jorge. Era un chico muy simpático, me quería mucho y yo a él también. Jorge me quería tal y como era y a veces yo creía que estaba loco, pero después me daba cuenta de que lo hacía porque me quería de verdad.
Duramos mucho tiempo y viví muchas cosas que no voy a volver a vivir por nadie. Me enseñó muchas cosas y la verdad es que aprendí mucho y él yo creo que también aprendió de mí.
Nuestra relación se acabó después de diez meses, pero se acabó muy bien; bueno al menos eso pensábamos nosotros, pero para el resto de las personas era algo extraño, aunque, la verdad, nos daba igual. Habíamos quedado como amigos, era lo mejor de todo porque nos teníamos una confianza muy grande, nos lo contábamos todo, pasábamos muchas horas juntos e incluso de vez en cuando nos hacíamos enfadar uno al otro.
Un día me empezó a gustar otro chico, pero no le quería decir nada porque yo tenía la impresión de que le estaba poniendo los cuernos a Jorge; pero lo hablé con él y me dijo que no pasaba nada, que teníamos que seguir con nuestras vidas y dejar nuestra relación amorosa atrás y tenerla sólo como un recuerdo. Le hice caso y pocos días después estaba saliendo con un chico que se llamaba Mario.
Pocos días después de empezar con Mario, me vino Jorge y me dijo que él también estaba saliendo con una chica a la que yo no le tenía mucho aprecio, pero como Jorge era feliz no le quise decir nada y dejar que su relación fuera adelante igual que la de Mario y yo.
Con Mario fue una relación extraña. A ver, yo le quería y mucho, pero él no me trataba como lo hacía Jorge; pero es que no era por compararles, sólo que estaba acostumbrada a eso y tenía que empezar a acostumbrarme a la nueva historia. Pero aun así acabamos pronto, duramos unos cuatro meses más o menos, no me acuerdo bien.
Jorge y su novia duraron un tiempo más y, como yo conocía a su novia, Jorge me pedía consejos, como, por ejemplo qué regalarle que le gustara, qué pelis le gustaban más… Pero tampoco duraron mucho. Un día que estaba por la calle me lo encontré muy triste así que decidí preguntarle qué le pasaba y me dijo que lo había dejado con la novia porque ella le había puesto los cuernos.
Así que todo volvió a ser como antes; bueno sólo la amistad que teníamos, que era algo muy especial. Yo ahora el único problema que tenía era que me había vuelto a enamorar de Jorge y seguí también un poco enamorada de Mario, así que no sabía qué hacer.
Decidí volver a salir con Jorge para ver si me olvidaba de Mario y la verdad es que poco a poco fue pasando. Jorge al principio no me dio una respuesta, pero unos días después me dijo que sí.
Una tarde estábamos en un parque Jorge y yo y apareció Mario de golpe, diciendo que yo le pertenecía y que no era de nadie más, así que sacó una navaja y se la clavó a Jorge. Lo dejó medio moribundo en el suelo, sin que yo pudiera hacer nada, sólo una cosa: llamar a una ambulancia. Mario, cuando vio que yo pasaba de él y que estaba con Jorge, quiso ayudarme y yo le dije que por su culpa Jorge estaba en el suelo. Mario, al oírme decir eso, salió corriendo y se perdió de golpe.
A mí eso me dio igual; yo sólo estaba pendiente de Jorge y esperando que llegara la ambulancia para llevárselo al hospital. Yo no sabía qué hacer así que llamé a sus padre y, mientras estaba hablando con ellos, llegó la ambulancia y se nos llevó a mi y a Jorge hacia el hospital.
Cuando llegamos, me hicieron quedar en la sala de espera mientras los médicos lo visitaban. Poco tiempo después llegaron sus padres y les expliqué lo que había pasado. Yo les dije que me sentía culpable y ellos dijeron que yo no tenía culpa alguna, que eso sólo era culpa del que lo había hecho, que yo enseguida les dije quién había sido y ellos llamaron a la policía para denunciar lo que había ocurrido con su hijo.
Estuvimos esperando noticias del médico durante muchas horas. Yo no me separé en ningún momento de la madre de Jorge; su padre nos traía cosas para comer, pero no nos entraba nada.
De repente, salió el médico y a nosotros el corazón nos dio un vuelco, la verdad, pero las noticias que traía eran buenas. Jorge se estaba recuperando, lo único es que había perdido mucha sangre y que estaba estable. Sólo podían entrar a verle dos personas así que les dije a sus padres que entraran ellos a verlo y que yo ya lo vería en otra ocasión.
Cuando sus padres estaban dentro, Jorge recuperó el sentido y su madre, al verlo, se echó a llorar; su padre no se pudo contener y le pasó lo mismo. Él los vio y les dijo que no se iban a deshacer de él tan deprisa, que tenía mucha cuerda.
Yo lo estaba esperando fuera y de repente salió su madre a decirme que se había despertado y que quería verme, así que entré corriendo y sus padres se esperaron fuera.
Cuando entré yo también me eche a llorar no lo pude contener y él al verme me cogió de la mano y me dijo que no pasaba nada, que él estaba bien gracias a mí. Yo en ese momento no le entendí, así que me lo explicó. Me dijo que si yo no hubiera llamado a una ambulancia pues que se habría desangrado y hubiera muerto allí mismo; además me había quedado todo el rato a su lado para la hemorragia y que eso la verdad es que Jorge me lo agradeció tantas veces que al final le tuve que decir que se callara porque yo eso lo hice porque le quería mucho y no quería perderle.
Al cabo de una media hora de estar en la habitación entró la enfermera para decirme que se había acabado la hora de visitas y que si alguno se quería quedar a dormir con él lo teníamos que decidir y decírselo a ella.
La madre de Jorge se quería quedar, pero estaba muy cansada y su padre no podía porque por la mañana se tenía que ir a trabajar, así que les dije que a mí no me importaba quedarme a dormir porque yo por la mañana no tenía nada que hacer. Ellos me lo agradecieron y se fueron, pero antes de irse la madre de Jorge me dijo que ella vendría lo más pronto posible y yo le respondí que no hacía falta, que podía tomarse todo el tiempo que necesitara que yo no tenía prisa.
Y aquí me encuentro yo después de tanto tiempo sentada al lado de una camilla con el chico al que quiero Jorge.
Por la noche, después de traernos la cena y después de cenar, nos pusimos a ver un rato la tele y a hablar de qué haríamos los dos juntos cuando él saliera de aquí. Empezamos a decir cosas sin sentido al principio, pero después se nos ocurrieron muchas más con algo más de sentido, como, por ejemplo, ir a la playa, a la piscina, a comer los dos solos por el monte y muchas cosas más.
Al rato Jorge se quedó dormido y a mí tampoco me costó mucho, aunque el sueño profundo no lo acababa de coger porque la butaca era muy incomoda. Poco a poco me fui quedando dormida. Pero de repente un fuerte golpe me despertó. Era Mario que se había colado en la habitación. Me levanté de golpe y fui hacia él y le dije que se separara de la camilla, que ya no quería más problemas. Él paso de mí y se dirigió hacia los tubos donde estaba el suero, la sangre y todo lo demás. Yo enseguida fui a pulsar el botón para avisar a las enfermeras, cuando se despertó Jorge y lo vio allí cogiendo una de las agujas de la bandeja de material para inyectarle alguna cosa. Yo pulsé el botón y después fui corriendo a detener la mano de Mario para que no tocara a Jorge. Pero la cosa se torció un poco. Yo para detener a Mario puse mi brazo delante de la jeringuilla y Mario me la clavó a mí.
De repente entró la enfermera con un policía y cogieron a Mario y se lo llevaron de la habitación. Yo me encontraba bien, pero de golpe me derrumbé contra el suelo. La enfermera me tumbó en la camilla de la misma habitación que Jorge y se fue corriendo a llamar a un médico. Yo todo eso lo sentía y lo oía, pero de repente no me enteré de nada más.
Pocos días después de ese accidente, me desperté en una camilla llena de tubos y bolsas y no sé cuántas cosas más. Giré la cabeza y vi que a mi lado había otra camilla, pero lo que no acababa de reconocer era lo que estaba tumbado en ella. Acabé de abrir los ojos y vi a Jorge mirándome y comprobando si estaba bien.
Cuando lo vi de nuevo y vi que estaba bien, me alegré y en mi cara se dibujó una gran sonrisa y en su cara también ocurrió lo mismo; supongo que debía de estar contento de que estuviera bien. Le pregunté que era eso que Mario me había inyectado en el brazo. Al principio no me lo quiso decir, pero se lo acabé sacando. Se ve que era un tipo de sustancia que mataba en el acto a una persona que estuvieran enferma, pero a mí, como estaba sana, no me pasó nada. También le pregunté si lo habían detenido; me dijo que se lo había llevado a un centro de menores, donde se pasaría los próximos tres años.
Unos días después salimos los dos del hospital y cada uno se fue a su casa unos cuantos días con nuestras familias y para recuperar las fuerzas.
Pero eso nos duró poco porque nosotros queríamos estar junto y hacer todo lo que teníamos planeado y lo hicimos y estuvo muy bien. Fueron cosas que no voy a poder olvidar nunca jamás.
Jorge fue a la persona que más quise y quiero en estos momentos porque sí; ahora Jorge y yo tenemos 25 y 26 años y estamos casados y tenemos una hija muy guapa y nos va muy bien.
Pues esto es mi historia, una historia que tiene sus buenos momentos, pero también tiene sus malos momentos, todo hay que decirlo.
Pero hay una frase que no podré olvidar nunca y es aquella que dije la noche en la que Jorge estaba en el hospital y entró Mario por la puerta y pasó todo aquello. Fue nada más abrir los ojos después de estar inconsciente que vi a Jorge y dije: "Jorge te quiero mucho".
De Mario no he sabido nada más, sólo sé que salió del reformatorio y que se puso a trabajar. Pero lo que sí sé es que no nos ha vuelto a molestar, aún. Porque unos días después de volver de vacaciones estaba en la puerta de nuestra casa, pero eso es otra historia que os contaré en otra ocasión.
Hasta pronto, espero que nos volvamos a encontrar.
Magalí Mitjans

PREMIOS DEL XI CONCURSO LITERARIO I.E.S "BALTASAR GRACIÁN"

Hemos de ser sinceros: la participación ha sido muy baja (malos tiempos para la literatura habrá que decir); pero, en fin, si la cantidad no ha sido mucha, al menos la calidad no ha faltado.
Desde aquí nuestras felicitaciones a los premiados, cuyos nombres aparecen a continuación. Si queréis conocer sus textos, no dejéis de leer las próximas entradas.

NIVEL: PRIMER CICLO DE E.S.O.
Modalidad poesía
PRIMER PREMIO
"Luna aclamada" y "Lo que quise"
de Miriam Álvarez Camacho
SEGUNDO PREMIO
DESIERTO
Modalidad relato:
DESIERTO
NIVEL: SEGUNDO CICLO DE E.S.O.
Modalidad poesía
PRIMER PREMIO
"Oda al agua"
de Alberto Sin Torres
SEGUNDO PREMIO
DESIERTO
Modalidad relato
PRIMER PREMIO
"Leyenda de Barón"
de Alberto Sin Torres
SEGUNDO PREMIO
"Jorge, te quiero mucho"
de Magalí Mitjans Carbonell
Como sabéis, la entrega de premios se realizará durante la última jornada del trimestre.

lunes 7 de abril de 2008

El profesor bromista (parodia de cuento popular)

Érase una vez un profesor de secundaria que era muy bromista. Un día se le ocurrió gastarle una broma a sus compañeros:
—¡Socorro, socorro!, ¡mis alumnos se han escapado del Instituto! —gritaba por los pasillos.
Todos los demás profesores corrieron hacia el exterior del recinto escolar, pero él les dijo que era una broma.
A la semana siguiente, repitió la misma broma y volvió a pasar la misma situación.
La última semana del curso, los alumnos no asistían a sus clases; el profesor avisaba a sus compañeros, pero nadie le hacía caso.
Y por culpa de la broma estuvo una semana sin dar clase.

Nacho Castro

"Por fin ha llegado mi momento"

Por fin ha llegado mi momento,
el momento de sonreír a la vida.
La vida me dio miles de momentos tristes,
pero tú me diste millones de momentos felices.
Al llegar tú, me enseñaste el motivo
por el que vale la pena luchar, vivir y sufrir.
Hay días que te vas, pero siempre vuelves
porque me extrañas, porque me quieres.
Los dos sabemos
que la distancia no es un obstáculo
para seguir siendo tú y yo.

Cristina Gheorghe

La tristeza

De mi cara salen gotas de agua.
Cuando estoy solo aún lloro más.
Lloro, lloro sin parar.
Si me dais un pañuelo
yo dejaré de llorar.

José Miguel Garrancho

La alegría

Es como los alumnos cuando tienen vacaciones.
Es como un bebé cuando sale al mundo.
Es una cosa infinita
como un átomo en una gota de agua,
como el primer coche que tuvieron tus padres.
Es una cosa a veces inexplicable
como un niño al que le quitan las ruedetas en la bici,
casi impensable
como cuando te regalan algo que te gusta,
como acabar con las enfermedades y pobrezas
como cuando dos personas se conocen y se quieren,
es una sensación
como cuando te tiras de un avión y notas que el aire moldea tu cara,
es una imagen de tus mejores momentos
como podría ser el fin de la guerra,
el fin de la pobreza,
el fin de las enfermedades.
Es el fin con el que casi todo el mundo suele soñar y que te gustaría tocar,
como los sentimientos de la gente
o como acabar este poema que podría llegar a ser casi infinito.

Víctor Ciutad

La tristeza

Maldita sea la guerra,
los coches y casas quemados,
los carritos de los niños atrapados,
cuerpos veteranos y jóvenes destrozados.
En lugar de agua, sangre corriente
en las calles, en las calles
cuerpos al descubierto a la luz de la luna,
montones de explosivos
en las calles, en las calles.
Maldita la impotencia de los supervivientes,
pueblos, ciudades, regiones, países en pobreza,
hambre y sed, como dos leones hambrientos,
ratas, serpientes perdidas sin rumbo
por las calles, por las calles
momentos interminables que cada vez menos personas oyen,
gente agonizante que grita: "¡No a la guerra!"
Adrián Vigo

viernes 4 de abril de 2008

Cadáveres exquisitos

El cadáver exquisito es una técnica o, quizá sería mejor decir un juego, de creación literaria basado en el azar. Recibe su nombre de la primera frase que se obtuvo practicándolo. En su forma original, se realizaba de la siguiente manera: reunidas cinco personas, cada una escribe en una hoja de papel blanco, que se dobla y se pasa al siguiente participante. En una primera ronda, los participantes escriben cada uno un nombre, luego un adjetivo, luego un verbo, a continuación un nuevo sustantivo y, para finalizar, otro adjetivo. Al fin se desdobla la hoja y se lee lo escrito tras ordenar gramaticalmente la oración.
En el grupo de 3º de ESO de Taller de Lengua, hemos decidido probar tomándonos la técnica con total libertad para escribir poemas. Primero escribimos cada uno en una hoja oraciones a modo de versos, sin saber lo que cada uno de nosotros poníamos en ella. Juntamos todas las hojas y las barajeamos. El resultado fue sorprendente y divertido, pero algunos escribieron hasta cinco versos seguidos, lo que le restaba espontaneidad. Por ello, volvimos a probar, escribiendo en un único folio, que íbamos doblando para ocultar lo que poníamos al vecino, un máximo de dos frases.
Éstos son los resultados:


CADÁVER EXQUISITO I

Sólo tu mirada
enciende mis sentidos,
lechuga en la huerta,
y el muerto al hoyo
y el vivo al bollo.
El amor,
para conseguirlo,
tienes que pasar
por muchos niveles;
es como un juego de misión,
tienes que tener esperanza
porque el último que llegará
es él.
Y en tonces va y se cae...
El amor es bonito.
Poder acabar este dolor de cabeza.
En el bosque hay árboles,
monte, playa, desierto,
casa, castillo, palacio,
dinero, amor, salud:
cosas importantes de la vida,
la luz de un faro a lo lejos del mar.



CADÁVER EXQUISITO II

El pollo al horno
con patatas fritas para comer.
Ja, ja, ja, ¡feliz Navidad!
No quiero ver a Papá Noel
porque le tengo miedo.
Como el gusano muerto
en la manzana que se come tu hermana.
¡Con lo que me gusta a mí la gaseosa!
Soñando con mandarinas,
luz de la luna que ilumina el Universo.
El caballo corre
como una coma en un pensamiento.
En la ciudad hay gente
maja, buena...
Flor en la arena.

Charla de Luis García Montero en el IES "Baltasar Gracián" de Graus

Hoy hemos disfrutado de la charla de Luis García Montero, uno de los poetas españoles contemporáneos más importantes y activos, un verdadero lujazo para nuestro Centro y no sólo por la fama que le precede, sino por la sabiduría que ha demostrado y que nos ha transmitido a través de sus palabras dedicadas a la poesía, la literatura y la vida.
Un día para no olvidar en mucho tiempo.

Gracias, desde aquí, a Luis y a todos vosotros, los que habéis asistido, por vuestro interés y magnífico comportamiento.
En las fotos que acompañan el texto, Luis García Montero con algunos de los profesores del Departamento de Lengua y los alumnos de 3º Javier, Alberto y David, que han entrevistado a Luis para su programa de radio.


viernes 7 de marzo de 2008

Un día en Graus

Un día estaba yo con unas cuantas amigas: Carol, Ana y Evelyn. Estábamos en el parque de la Residencia cuando, de repente, oímos una voz que decía: "Graus, Graus...".
Nosotras miramos a ver de dónde venía; pero entonces nos asustamos y nos fuimos.
Al día siguiente, volvimos a ir al parque y una vez más escuchamos esa voz, que ahora decía: "Se va a perder, va a desaparecer".
Fuimos a buscar de dónde venía y al fin lo descubrimos: eran nuestros amigos.

Gisela Peralta

La paz

La paz es un concepto que todo el mundo conoce, aunque no lo parezca porque cada día hay más muertes por guerras absurdas, mujeres maltratadas y asesinadas a manos de sus parejas, bandas racistas y muchas barbaridades más.
Mi idea de la paz se basa en un mundo donde no hagan falta guerras para solucionar las cosas, donde el machismo, el racismo, el fascismo... pasen a ser algo del pasado y en el que nadie piense ni actúe de esa manera.
Muchas de las personas que hay aquí van a pensar que soy un poco hippie, pero no lo soy. Ésta es mi idea de la paz y lo que pienso; porque, aunque sólo tenga 14 años, he vivido bastantes cosas como para poder opinar sobre este asunto. No como otros niños que opinan sin saber casi nada.
Tampoco quiero hacerme la mayor. Sólo digo que sé lo que hay y que me gustaría que todo esto cambiara.

Marina Pascual

La tristeza

Un papel rojo con una mancha negra.
Como un bosque que se vuelve desierto.
Como un niño con papel, pero sin lápices.
Como un árbol sin sus hojas en primavera.

Paula Torres

jueves 6 de marzo de 2008

IX CONCURSO LITERARIO I.E.S. "BALTASAR GRACIÁN"


El Departamento de Lengua Castellana y Literatura del I.E.S. "Baltasar Gracián" de Graus (Huesca), en colaboración con la AMYPA del Centro, convoca la decimoprimera edición de su ya clásico CONCURSO LITERARIO.
Desde aquí, os invitamos a participar, para lo cual, si tenéis alguna duda, podéis pedir asesoramiento o consejo a los profesores del Departamento.

Éstas son las BASES:
  1. En el concurso podrán participar todos los alumnos matriculados en el centro.


  2. Habrá dos apartados con sus correspondientes premios: uno de narrativa en prosa y otro de poesía.


  3. Los textos narrativos en prosa no podrán exceder de cinco folios, escritos a ordenador a doble espacio y por una sola cara.


  4. Los textos de poesía no excederán los setenta versos. Podrán escribirse varios poemas sobre un mismo tema.


  5. Los originales deberán ser presentados por triplicado y bajo pseudónimo o lema y dentro de un sobre grande que se entregará en la conserjería del instituto.


  6. En el exterior de dicho sobre figurará el título del trabajo (relato o poesía), el pseudónimo o lema y el curso y grupo al que pertenece el concursante.


  7. En el interior del sobre grande deberá ir otro sobre pequeño cerrado en el que aparecerán los datos del concursante: nombre y apellidos, domicilio, teléfono y curso y grupo al que pertenece.


  8. El plazo de presentación de originales finalizará el próximo día 30 de abril.


  9. Habrá un apartado en ribagorzano, en cualquiera de sus variantes locales, al que podrán presentarse trabajos tanto en prosa como en verso y que tendrá sus propios premios.


  10. El fallo del jurado se hará público a finales de mayo. La entrega de premios se efectuará a final de curso.


  11. Los premios podrán declararse desiertos si el jurado lo estima oportuno.


  12. Las obras premiadas quedarán a disposición del centro, que se reserva el derecho de publicarlas. Las que no resulten premiadas no serán devueltas.

¡ÁNIMO, CHICOS!,
no dejéis pasar la oportunidad.

miércoles 5 de marzo de 2008

Mi casa turística

Vivo en una casa de turismo rural a la que viene gente de todos los sitios a pasar unas semanas o dos, o tres… Sobre todo, vienen en vacaciones o, si no, los fines de semana, cuando abrimos. Tenemos dos apartamentos para que venga gente a dormir y pasar la semana.
El apartamento más grande tiene una habitación doble, una habitación triple y un salón con sofá-cama además de cocina. Dispone de un baño completo y de un aseo.
El apartamento pequeño consta una habitación triple, de cocina-comedor y de un baño completo.
A mí me gusta mucho; se está muy bien y yo me siento muy feliz en ella.
Ravina Lou

miércoles 20 de febrero de 2008

La mujer del parque

Una noche estaba paseando con mis amigas en el parque que está al lado de mi casa; estábamos sólo nosotras, no había nadie más. Al principio todo parecía perfecto, hablábamos tranquilamente de nuestras cosas; sin embargo, al cabo de un rato una de mis amigas, asustada, nos dijo que había visto a una mujer vestida de blanco. No le hicimos caso y seguimos con lo nuestro hasta que otra amiga vio lo mismo. Entonces nos quedamos calladas durante un par de segundos y fue cuando apareció delante de nosotras aquella mujer, que caminaba con un niño en los brazos. Le cantaba para que se durmiera y parecía que no nos veía. Asustadas, cerramos los ojos y al abrirlos la mujer ya no estaba, había desaparecido.
Nos fuimos a nuestras casas. Al día siguiente nos enteramos de que en aquel parque había muerto una mujer con su hijo. Desde aquella noche no fuimos más a ese parque.
Cristina Gheorghe

El caballo

Soy una yegua normal y corriente; todavía soy pequeña. Mi madre era bastante vieja, era muy comprensiva y muy cariñosa. Le gustaba que le mimaran, igual que a mí, por supuesto.
Un día me levanté cuando todavía no había amanecido; fui con mi madre, la intenté levantar, pero no se despertaba. Pensaba que estaba demasiado dormida así que me tumbé a su lado y me dormí. Al cabo de un buen rato, me levanté; mi madre seguía ahí tumbada en el sol en la misma postura que al amanecer. La llamé millones y millones de veces; no me hizo ningún tipo de caso. Le daba pataditas pequeñas para despertarla y nada. Me empecé a preocupar, le escupí, le pegué, le relinché en el oído; entonces vino mi domador, es un buen hombre, nos quiere mucho. Él también la intentó levantar, pero no pudo. Empecé a sofocarme, a ponerme nerviosa; me tumbé para relajarme, pero no podía, no respiraba. Él intentó recogerla junto con cuatro personas más. Se la llevaron y fui corriendo detrás como una furia; me preocupé mucho. Unas verjas me pararon. Vi a mi domador triste, me estaba imaginando lo que iba a pasar.

Me llevaron a ver a mi madre. Yacía muerta en una mesa de metal ensangrentada de un cálido calor. Ese fue el último día que vi a mi madre, sin una despedida ni nada parecido.
Es una tortura recordar ese día.

Carolina Bucher

lunes 18 de febrero de 2008

Microrrelato

Ayer mientras estudiaba, tenía el teléfono móvil en la mano, cuando de repente, oí que me llamaban; estaba tan concentrado que me asusté y pegué tal salto que el aparato salió volando. En un breve segundo, vi pasar toda su vida ante mis ojos: las fotos en Graus, los vídeos, incluso las llamadas que me hicieron; pero a continuación, un acto reflejo agarró el teléfono y evitó su caída al abismo.

Nacho Castro

¡Qué animales somos...!

En el taller de 1º de ESO hemos buscado las expresiones con GATO y hemos encontrado estas:

1.- buscarle tres pies al gato

No le busques tres pies al gato, los 100 euros se te han caido al río y no los verás más.

2.- de noche todos los gatos son pardos.

Llevo un agujero en el pantalón pero no importa, de noche todos los gatos son pardos.

3.- aquí hay gato encerrado

Ese señor tiene un comportamiento extraño, aquí hay gato encerrado.

4.- llevarse el gato al agua

El Partido Popular se ha llevado el gato al agua: ha ganado las elecciones

5.- dar gato por liebre

En esa tienda me quisieron dar gato por liebre: me vendían una chaqueta de piel que no era
de piel.


Además, nos hemos inventado todas estas expresiones con animales:

estar como rana en el barro
estar como gato en una alfombra
pescar dos peces con el mismo anzuelo
tener la cabeza llena de hormigas
no le busques orejas a una serpiente
ser tan juguetón como un mono